Aquí me tienen de nuevo. ¡Qué bestia! ¡Cuánto tiempo sin escribir algo aquí! Esto está más polvoriento que el pedazo de suelo debajo de mi cama. Voy a sacudir un poco el blog postendo algo, como para no perder la costumbre. Me prometí a mi mismo escribir algo antes de que mis vacaciones se acabaran y, bueno, aquí estoy en mi último día de vacaciones frente al monitor de mi computadora el cual no dejé de ver ni un sólo día de mis vacaciones y usando el teclado que tampoco dejé de usar ni un sólo día de mis vacaciones (sí, usé mucho la palabra "vacaciones", es que las voy a extrañar T-T).
Bueno no es que no haya querido escribir nada. Yo a mi blog lo quiero aunque sea sencillo, poco atractivo y esté con más telarañas que el cuarto de Spiderman. Pero que lo quiera no significa que mi blog pueda ganarle a la tentación de darle doble clic a ese iconito azul con una E, que durante estas vacaciones combié por un zorrito, (¡ay, mis vacaciones!) y ponerme a navegar cual bucanero a la deriva por el inmenso océano virtual siguiento cuanto link (¡viva Link!) aparecía en mi camino sin preocuparme siquiera en detenerme el el puerto de mi blog. A decir verdad, estas vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) me sirvieron para introducirme dentro del, hasta hace poco desconocido por mí, lado sórdido de la red en cuyo refugio encontré calma e inspiración (porque me dieron varias ideas).
Si están pensando que buscaba porno son unos malpensados. Jamás gastaría mi tiempo de I-net buscando sexo, yo no soy de la especie común ¿recuerdan? Yo buscaba algo más fantasioso, irreal y por ende "casi" inalcanzable...
Bueno, bueno, ya me desvíe del tema (además son sólo inocentes dibujitos con una trama algo cachonda). No estoy frente al teclado para escribir que hice en mis vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) que hace 6 años que dejé el colegio (ay, mi coleg... ¡no, no! ¡aquí no va eso!)
En mis vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) tuve tambíen tiempo para pensar y recordar algunas cosillas. De hecho tuve poco contacto con mis amigos de la Looneyversidad al menos durante el tiempo del curso vacional, que consumió 2 de los 3 meses que tenía de vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) me encontraba con los poco miembros de mi mancha que atracaron asistir 4 días de la semana a las clases vacacionales. Debo decir que no estuvieron mal, además sólo iba de 7 a.m. a 9 a.m. así que tenía el resto de día para vaguear y jugar en mi compu o hacer un trabajo eventual o escribir un informe. La cosa es que en mi abundante tiempo libre (que ya se fue) pude darle un poco de tiempo al entretenimiento escrito. En pocas palabras: leí cómics y mangas.
De lo que quiero escribir es de un cómic en específico. Un cómic que me trastocó bastate y que en poco más de 60 páginas expresaba todo por lo que yo pasaba en ese momento, porque mis vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) no fueron precisamente felices.
De aquí parto con lo de la locura y la muerte. Contar lo que me pasó en específico será motivo de otra entrada (vaya si que postergo muchas cosas) pero la idea principal es de estas dos cosas de las cuales conozco una de forma aproximada y la otra la conozco muy bien.
A la muerte nunca se le conce del todo, a menos que mueras. Yo vivo fascinado por la muerte. Siempre me pregunté qué se siente morir. En mi lógicamente hallaba la respuesta: "Cuando mueres no sientes nada, ¡ya estás muerto idiota!". Esa respuesta lógica por alguna razón no me satisface .Siempre se me queda la duda rondando por mi cabecita llena de vida acerca de qué pasaría si esque derrepente muriera todo rastro de vida que existe en mi cabecita. Yo creo que es algo que todos no hemos preguntado alguna vez. ¿Estar muerto se sentirá? ¿Podrás saber que estás muerto? Yo no creo en cielos ni infiernos así que no tengo muchas posibilidades acerca de hacia dónde irá mi mente después de haberme jugado los descuentos o después de que una tarjeta roja me saque del juego de repente. "La muerte es sólo el comienzo" dice el adagio ¿pero el comienzo de qué? ¿de una nueva vida? ¿de la gloria póstuma al ser recordado? ¿de ser abono para plantas? Pero mi fascinación con la muerte va algo más allá o más bien más acá. Dentro de mi creció el instinto asesino. En estas vacaciones (ay, mis v... ¡esto no es gracioso hombre!) mi instinto asesino creció y se convirtió en algo más, primero en ansiedad y luego en impulso. No me fue muy fácil controlarlo. Aquí es donde entra la segunda comadre: la locura.
A la locura sí la conozoco (mas allá de que esté estudiando para Psicólogo). La siento dentro de mí, permanece a mi lado siempre. Nunca se reprime del todo. Soy un loco, lo sé. Pero hasta estas vacaciones (¡!) recién descubrí pero no tan sólo era un loco amigable que a veces se comporta algo irreverente, sarcástico, sinvergüenza o completamente carente de asco; sino que también había desarrollado la locura como un mecanismo de defensa ante lo que me había pasado, ante mis decepciones y debilidades.
Mi locura creció.
Creció y la dejé crecer. La locura se sentía bien, era como un sueño en la realidad. La locura me daba la fuerza para reirme de mí mismo, de mi falta de carácter, de firmeza, de mi inutilidad, de mi dolor. Con la locura lo veía todo por "el lado amable". Si antes estaba triste, abatido, derrotado y furioso con una perra y su ezbirro (especialmente con el ezbirro) la locura actuó a mi favor mejor de lo que cualquier droga o alucinógeno lo haría (y no me hace falta probar drogas para estar seguro de ello).
Yo antes odiaba, odiaba a los maldito que eran felices sabiendo que yo me destrozaba por dentro en algún lugar del Cusco. El odio también era bueno, me daba fuerza, pero dolía. Llegué a un límite del odio que se acumuló a través de mis 20 años de vida. El odio me dolió tanto que me me rendí y resignado admití la derrota.
Pero esa resignación duró poco.
Al poco tiempo el odio creció en mí. Pero ya no era igual. Renunciar una vez al odio me había ablandado el corazón. El odio ya no funcionaba como refugio. Si quería liberarme del dolor causado por esos dos debía llevar mi odio al siguiente nivel. Debía liberar mi odio y acabar con ellos con mis propias manos. Pero eso sería absurdo. Mi lógico ser se interpuso y como nunca me salvó de tener las manos rojas por la sangre. "No lo merecen" me dije. Creí haber encontrado la calma y por un tiempo fue así. Hasta que el bastardo volvió a encender la chispa de mi desgracia y esta vez las consecuencias fueron devastadoras. Para mí.
El odio ya no acudía a mí. Mi corazón ya no tenía espacio para el odio. Me había convertido en un hippie detestable incapaz de odiar a otros. Me volví débil y lamenté haberme derrumbado cuando el odio había alcanzado su punto máximo. Lamenté mi vida, lamenté mi suerte, lamenté mi existencia, lamenté ser cobarde, lamenté haber desaprovechado oportunidades. Los problemas se amontonaron sobre mí como nunca lo habían hecho antes era el jaque mate, estaba atrapado tanto dentro de mí como fuera de mí. El borde de una ventana se aproximaba a mí a cada paso que daba. Lo único que asomé a decir fue: "Todo acabó. Perdí. Ustedes ganan. Ya no puedo más."
Y entonces me reí.
Reí para mis adentros y luego reí en forma de carcajada. Esa risa se prolongó un tipo. ¿Qué me había pasado? ¿Acaso no había sido derrotado por la perra y su ezbirro? ¡Pues claro que sí! ¿Y por qué me reía entonces? ¿No era acaso la derrota final? ¡Sí lo era! ¡¿Y POR QUÉ DIABLOS ME REÍA?!
Aún no lo sé.
Me alejé de la ventana y me dije tanto para mis adentros como para mí "No. Esto no es el final. Es sólo el principio". Y volví a reirme. Esa breve risa. Durante el tiempo que duró esa breve risa todo el dolor desapareció, todo problema o duda sobre mi capacidad se esfumó. Me sentí omnipotente. Me sentí indestructible. Me había demostrado con una risa que esos bastardos no podrían conmigo jamás y que me encargaría de hacer cumplir el dicho: "Quien ríe al último ríe mejor".
El la locura encontré todo el poder que perdí al renunciar al odio. Volví entonces al juego. Más poderoso que nunca. Y esta vez dispuesto a eliminar el mal (que son dos) que me aqueja para siempre. Porque con la locura de mi lado ya no hay límite que exista. La locura elimina esos límites. Ser un loco es algo maravilloso. Y mejor aún es que soy loco pero no estúpido, así que puedo darme cuenta de mi entorno y manipularlo como yo quiera, convertirlo en una trampa para los demás crear caos y confusión en mis enemigos que ni tendrán tiempo de reaccionar. ¿Cómo planear ante alguien qué es impredecible?
Con la locura obtuve lo que siempre quise. Borrar todo sentimiento que exista dentro de mí. Sigo siendo lógico, pienso, pero ya ningún sentimiento se interpone al tomar decisiones. Hago lo que se me antoje, si lo veo por conveniente.
Como House que admira a los autistas porque el mundo es condescendiente con ellos y les permite cosas que a alguien sano no permitiría yo admiro a los locos, porque no son responsables de sus actos. Ellos se dejan llevar por lo que su retorcida mente les diga sin ningún tipo de restricción o traba. Simplemente lo hacen sin pensarlo. Pero hay otros locos aún más admirables. Son aquellos que son capaces de dar la apariencia de ser cuerdos, de ser igual que el vulgo. Pero que dentro suyo resuena la risa maniaca, risa remedio de todos los males que espera ser liberado en un arrebato de insanidad en el momento más preciso sin que ninguna moral o sentimiento se interponga en el camino.
Ufff... Bueno, fue algo cansado (los locos no estúpidos también requieren un descanso). Con esta acometida de locura termino esta redacción. Escribí lo que sentí al sentirme derrotado por dos personas (la historia completa muy pronto) a quienes ya no odio, pero cuyos actos dolorosos contra mí me sacan una sonrisa cada vez que los recuerdo. Que ya no los odie no significa que no me caigan mal o... que ya no quiera sus cráneos como vasijas (¡ja, ja, ja, ja, JA!).
Ahora dentro de mí la locura y la muerte deambulan esperando el momento de su liberación. Pero ya no tengo curiosidad con mi propia muerte, sino con la de otros (¡ja, ja, ja, ja, JA!).
Debo dar algunos agradecimientos. En primer lugar a mi amigo de cole Daniel "el viejo" con el cual acabo de volver a tener contacto después de 3 años en blanco por haberme pasado el dato de un cómic (¿se acuerdan que lo mencioné al principo?) que no fue la fuente de inspiración de este relato (porque todo lo que dice ya se me había ocurrido pero no podía expresarlo en palabras) sino el gatillo motivador de que haya escrito algo hoy.
En segundo lugar a Alan Moore (dibujos) y Brian Bolland (dibujos) por ser los artífices del cómic en cuestión:
Batman: The Killing Joke. Sin lugar a dudas una obra maestra del cómic. Si quieren datos de él descárguenlo con el link que dejo que es de Taringa! para que el que lo posteó originalmente tenga algún reconocimiento.
Finalmente agradecer a Bob Kane y a Bill Finger por ser creadores del universo de mi superhéroe y mi villano favoritos. Las palabras faltan.
Con esto les digo que existen varios caminos para salir del hoyo. Algunos son valientes y pueden salir con algo de esfuerzo. Otros como yo son cobardes o facilistas y al fracasar constantemente pierden la esperanza. Si la pierden, cobraron, están fritos. Pero si logran en el último minuto ver "el lado amable" del asunto entonces no hay duda de que la locura será su compañera fiel a lo largo de su vida. Y la muerte estará ahí también esperando a que atestes el golpe y demuestres que no eres un inútil después de todo. Ya lo dijo el poderoso Akuma: "Si no puedes aprender a vivir, aprende a matar".
Otra frase célebre (si supiera quien la dijo lo mencionaría): "No hay nada más loable en un hombre que la capacidad de reirse de su propia desgracia."
Es hora de disfrutar las últimás horas de vagaciones (¡ja! ¡esta vez no!) viendo Modern Family. Si ganó tantos Emmys será por algo.
