Casi cuatro meses entre la palabra y el hecho. Me dije a mí mismo que iba a escribir más seguido en el blog pero no pude cumplir mi palabra. Me decepcioné a mí mismo. Y no hay mayor decepción que decepcionarse a uno mismo. Sin embargo aquí estoy de nuevo para tener paz conmigo mismo y desahogar ciertas cosas que debieron haber sido transcritas a los píxeles desde hace tiempo.
Estos cuatro meses de ausencia bloguera han sido los cuatro meses más locos de mi vida, especialmente este diciembre que para bien o para mal ya se va. En estos cuatro meses desde septiembre, que fue mi última entrada, hasta hoy fueron usados básicamente para terminar mis estudios (teóricos) de Psicología. Paso ahora al internado que es la prueba de fuego en la que debo aplicar todo lo aprendido en la carrera. Siendo sinceros mis conocimientos no son ni mucho menos limitados. Sé que puedo defenderme en la jungla profesional con lo que tengo (y lo que no tengo puedo inventarlo), pero tengo miedo. Así es, miedo. Miedo, miedo, miedo, miedo, miedo… lo repito varias veces para asimilar la idea. ¿Por qué un aventurero como yo tendría miedo? (mi consciencia se ríe sarcásticamente). Yo me considero (o me consideraba) alguien sin temor a experimentar cosas nuevas. Me encanta regodearme ante mis compañeros cuando ellos me dicen que no podrían comer algo que podría ser considerado como repugnante, como los gusanos Suri, lagartijas cañanes, masato o algún otro potaje no precisamente nacional. O cuando no se animan a actuar, hablar, cantar ante varias personas o tienen miedo de enfrentarse a las autoridades ahí estoy yo para demostrar que no hay nada del otro mundo. Entonces yo quedo como un capo ante los demás alimentando mi ego.
Nada más que orgullo vacío. La verdad es que soy demasiado vulnerable a los cambios en mi rutina. Cuando debo hacer algo que está fuera de mi statu quo, como la vez que fui a una capacitación, la ansiedad se manifiesta en forma de gotas de sudor en mi frente y en mis axilas (la izquierda más que la derecha) que se deslizan hacia otras partes movidas por la fuerza de gravedad, calor o frío que descomputan mi sistema homeostático y me obligan a aumentar o reducir mi carga de ropa constantemente, y finalmente un temblor característico mío en la pierna izquierda que no puedo detener a menos que aplique presión sobre él. Todas estas y otras taras corporales que aparento no tener ante los demás para proteger mi frágil interior se manifiestan en los momentos de extrema ansiedad que sufro cuando debo romper lo que yo considero “lo que está hecho y debe seguir haciéndose”. Sé que no es lo mismo aventurarse a comer cucarachas cubiertas con chocolate (PS: ¡yomi!) que ir a trabajar por primera vez en tu vida. Algunos dirán que lo primero sería lo más traumático, otros dirán que lo segundo. Yo pertenezco a este grupo.
Me gusta verme como un “open mind” tendiente al caos y que se opone a los establishments del mundo occidental, a las censuras comunistas, a la rigidez burocrática y a muchas otras cosas que limiten la libertad de expresión, de pensamiento o de acto; pero interiormente tengo miedo al cambio y más que al cambio, al caos. Me gusta mantener el orden natural dentro de mi vida haciendo lo posible por ser negentrópico y protegerme de lo desconocido.
Les juro que cuando asimilé la idea de que debía salir del claustro universitario en el cual he permanecido por tres años fue como recibir un balazo en la cabeza o algo similar a eso (ya que nunca me han disparado en la cabeza por lo que no puedo decir cómo se siente eso). Mi primera idea que asoló mi mente fue que al salir al internado, o sea, el mundo humano; todo lo por lo que había luchado por mantener se perdería. Yo quiero ser un niño de mente por siempre. No quiero perder esa actitud infantil mía que me mantiene pegado al televisor viendo Bugs Bunny, Las Pistas de Blue, etc. Podría decir que por querer ser niño también me quedo prendido de series como Dragonball (aunque repita), Naruto y hasta Pokémon. Pero hace rato que el anime dejó de ser sólo para niños (de hecho no estoy seguro de si alguna vez fue sólo para niños). Mi niño interno no debe morir, así lo decidí y así lo quiero; pero ahora ese niño debe enfrentarse al gentío y los desafíos que este impone. Debe sacrificarse para alcanzar la madurez que le permita defenderse de las desavenencias. ¡NO! ¡Yo no quiero dejar morir al niño que he cuidado y he jurado cuidar! ¡No pienso enterrarlo bajo responsabilidades y formalismos como la mayoría de los adultos que conozco! , porque también conozco excepciones. Precisamente esas excepciones son las que me animan a no dejar morir a mi yo niño que sabe apreciar una buena partida de Monopolio y que disfruta de la victoria tras un electrizante duelo de Yu-Gi-Oh! Renuncio a vivir si es que debo hacerlo como mis aburridos profesores o como mi padre, quien no conoce la risa tras una parodia de los Simpson y que tiene gran animadversión por todo lo que sean dibujitos de ojos grandes y cabellos estrambóticos. Yo quiero jugar toda mi vida y jugar con los hijos de mis hijos (o hijos de mis sobrinos, ¿digo no?).
La segunda idea en mi mente tras saber que debía (debo) hacer internado se resumía en “adiós al descanso”. Si pues, llegó la hora de decir adiós a la vagancia que me caracteriza, dejarse de mediocridades para ser excelente y sobrevivir al mundo moderno influenciado por las apariencias y a quien sólo le importa tu desempeño sin preocuparse de tu estado físico y emocional. A tu jefe no le importará si te dio lupus el día de entrega de informes. Si ese día no presentaste tus documentos estás muerto laboral y económicamente (también físicamente si es que no te tratan el lupus). Como interno de psicología tendré más autoridad que el pisapapeles pero menos que la cafetera por lo que soy susceptible a explotación, insultos, vejámenes y actos perversos sin que tenga derecho a queja alguna, además de que no me van a pagar (O_O).
Pues así es. Mi miedo ha alcanzado niveles que nunca antes había experimentado. Ni la transición que hice de primaria a secundaria, de una secundaria a otra ni la de secundaria a la misma universidad se comparan al miedo que siento ahora por tener que luchar prácticamente sólo para sobrevivir. Dirán ustedes: “Pero tienes a tu amigos, familia, etc.”. Esas son puras pendejadas. A pesar de que por un momento pasó la idea de dejar de ver a mis amigos como la tercera cosa que ocurrirá cuando haga internado caí en la cuenta de que sólo el más fuerte sobrevive al mundo competitivo. Si me dejo llevar por sentimentalismos y cariño hacia mis amigos es probable que termine cediendo un puesto en algún lugar, haga un comentario favorable para un amigo que quiera un trabajo desde el cual puede desplazarme. Quiero ahorrarme esas molestias. Así que desde ahora todos a quienes llamaba amigos pasan a ser rivales, rivales profesionales cuyas cabezas debo pisar para escalar más alto en la pirámide.
Por eso es que me negué a jugar al amigo secreto entre mis a posteriori colegas y tampoco pienso ir a su reunión de fin de año. Porque es como dice el buen Manolito, personaje alumbrado por el maestro Quino: “No es cuestión de herir susceptibilidades, sino de matarlas”.
En fin. La cosa es que no puedo retroceder ni escapar a otro sitio. Aunque podría escapar no lo haré pues, si es que hay algún punto fuerte en mí es que no huyo de los retos. Tengo miedo del cambio, de lo difícil que pueda llegar a ser, del tiempo que me faltará para dedicarme a jugar Sims3 o si podré llegar temprano a mi casa para ver House. Tengo miedo de los maltratos que puedo recibir y de las decepciones que me puedo llevar. Pero aun así no pienso huir y definitivamente no lo haré. Tengo miedo, sí; pero sería decepcionante para mí mismo huir de algo en lo que no sé si pueda tener éxito o no. Es como dije al iniciar esta entrada: No hay mayor decepción que decepcionarse a uno mismo.
¿Quién sabe? De repente y no pase nada de lo que he mencionado y termine feliz mi internado con tiempo suficiente para mí mismo acompañado de mis amigos y en la cima de la pirámide de realización personal de Maslow.
Porque es como siempre me dijeron y como siempre me dije: ¿Cómo sabes que no te va a gustar algo si ni siquiera lo has probado?
Quedan ya pocas horas para la navidad del 2010 y ya debo irme. A la navidad le quería dedicar unas palabras pero el tiempo voló y esta entrada resultó más larga de lo que creía.También quería hablar sobre el niño internopero lo dejaré para otra. Sin más otro particular me despido aclarando que de ahora en adelante, por lo menos lo que duren mis vacaciones, escribiré más a menudo; especialmente de las cosas que me ocurrieron durante los cuatro meses de ausencia en el blog porque en los cuatro meses que pasaron les puedo asegurar que me paso (casi) de todo. Ya les estaré actualizando pronto a las 3 únicas personas que leen las barrabasadas que escribo. Feliz Navidad a todos los que crean en ella y para los que no (inclúyome) que reciban un buen regalo. Para los que no van a recibir nada (inclúyome) pues que tengan una rica cena de medianoche. Para los que no van a cenar nada (inclúyome) pues… mmm… que la pasen lindo con sus familias y seres queridos.
Sé que es algo trillado y estúpido pero no se me ocurrió nada más.
Les dejo una imagencilla como regalo, aunque más que un regalo para ustedes lo es para mí n_n. Ahí les dejo con Satoru Endo de la serie deportiva Inazuma Eleven, una de las cosas buenas que descubrí estos 4 meses de ausencia. Llámenme pervertido si quieren.
El momento musical lo pone Coldplay y su single Christmas Lights (para quienes como yo ya se cansaron de los Toribianitos y tienen el burrito sabanero metido en el fundillo).
viernes, 24 de diciembre de 2010
martes, 31 de agosto de 2010
La locura y la muerte, viejas compañeras.
Aquí me tienen de nuevo. ¡Qué bestia! ¡Cuánto tiempo sin escribir algo aquí! Esto está más polvoriento que el pedazo de suelo debajo de mi cama. Voy a sacudir un poco el blog postendo algo, como para no perder la costumbre. Me prometí a mi mismo escribir algo antes de que mis vacaciones se acabaran y, bueno, aquí estoy en mi último día de vacaciones frente al monitor de mi computadora el cual no dejé de ver ni un sólo día de mis vacaciones y usando el teclado que tampoco dejé de usar ni un sólo día de mis vacaciones (sí, usé mucho la palabra "vacaciones", es que las voy a extrañar T-T).
Bueno no es que no haya querido escribir nada. Yo a mi blog lo quiero aunque sea sencillo, poco atractivo y esté con más telarañas que el cuarto de Spiderman. Pero que lo quiera no significa que mi blog pueda ganarle a la tentación de darle doble clic a ese iconito azul con una E, que durante estas vacaciones combié por un zorrito, (¡ay, mis vacaciones!) y ponerme a navegar cual bucanero a la deriva por el inmenso océano virtual siguiento cuanto link (¡viva Link!) aparecía en mi camino sin preocuparme siquiera en detenerme el el puerto de mi blog. A decir verdad, estas vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) me sirvieron para introducirme dentro del, hasta hace poco desconocido por mí, lado sórdido de la red en cuyo refugio encontré calma e inspiración (porque me dieron varias ideas).
Si están pensando que buscaba porno son unos malpensados. Jamás gastaría mi tiempo de I-net buscando sexo, yo no soy de la especie común ¿recuerdan? Yo buscaba algo más fantasioso, irreal y por ende "casi" inalcanzable...
Bueno, bueno, ya me desvíe del tema (además son sólo inocentes dibujitos con una trama algo cachonda). No estoy frente al teclado para escribir que hice en mis vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) que hace 6 años que dejé el colegio (ay, mi coleg... ¡no, no! ¡aquí no va eso!)
En mis vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) tuve tambíen tiempo para pensar y recordar algunas cosillas. De hecho tuve poco contacto con mis amigos de la Looneyversidad al menos durante el tiempo del curso vacional, que consumió 2 de los 3 meses que tenía de vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) me encontraba con los poco miembros de mi mancha que atracaron asistir 4 días de la semana a las clases vacacionales. Debo decir que no estuvieron mal, además sólo iba de 7 a.m. a 9 a.m. así que tenía el resto de día para vaguear y jugar en mi compu o hacer un trabajo eventual o escribir un informe. La cosa es que en mi abundante tiempo libre (que ya se fue) pude darle un poco de tiempo al entretenimiento escrito. En pocas palabras: leí cómics y mangas.
De lo que quiero escribir es de un cómic en específico. Un cómic que me trastocó bastate y que en poco más de 60 páginas expresaba todo por lo que yo pasaba en ese momento, porque mis vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) no fueron precisamente felices.
De aquí parto con lo de la locura y la muerte. Contar lo que me pasó en específico será motivo de otra entrada (vaya si que postergo muchas cosas) pero la idea principal es de estas dos cosas de las cuales conozco una de forma aproximada y la otra la conozco muy bien.
A la muerte nunca se le conce del todo, a menos que mueras. Yo vivo fascinado por la muerte. Siempre me pregunté qué se siente morir. En mi lógicamente hallaba la respuesta: "Cuando mueres no sientes nada, ¡ya estás muerto idiota!". Esa respuesta lógica por alguna razón no me satisface .Siempre se me queda la duda rondando por mi cabecita llena de vida acerca de qué pasaría si esque derrepente muriera todo rastro de vida que existe en mi cabecita. Yo creo que es algo que todos no hemos preguntado alguna vez. ¿Estar muerto se sentirá? ¿Podrás saber que estás muerto? Yo no creo en cielos ni infiernos así que no tengo muchas posibilidades acerca de hacia dónde irá mi mente después de haberme jugado los descuentos o después de que una tarjeta roja me saque del juego de repente. "La muerte es sólo el comienzo" dice el adagio ¿pero el comienzo de qué? ¿de una nueva vida? ¿de la gloria póstuma al ser recordado? ¿de ser abono para plantas? Pero mi fascinación con la muerte va algo más allá o más bien más acá. Dentro de mi creció el instinto asesino. En estas vacaciones (ay, mis v... ¡esto no es gracioso hombre!) mi instinto asesino creció y se convirtió en algo más, primero en ansiedad y luego en impulso. No me fue muy fácil controlarlo. Aquí es donde entra la segunda comadre: la locura.
A la locura sí la conozoco (mas allá de que esté estudiando para Psicólogo). La siento dentro de mí, permanece a mi lado siempre. Nunca se reprime del todo. Soy un loco, lo sé. Pero hasta estas vacaciones (¡!) recién descubrí pero no tan sólo era un loco amigable que a veces se comporta algo irreverente, sarcástico, sinvergüenza o completamente carente de asco; sino que también había desarrollado la locura como un mecanismo de defensa ante lo que me había pasado, ante mis decepciones y debilidades.
Mi locura creció.
Creció y la dejé crecer. La locura se sentía bien, era como un sueño en la realidad. La locura me daba la fuerza para reirme de mí mismo, de mi falta de carácter, de firmeza, de mi inutilidad, de mi dolor. Con la locura lo veía todo por "el lado amable". Si antes estaba triste, abatido, derrotado y furioso con una perra y su ezbirro (especialmente con el ezbirro) la locura actuó a mi favor mejor de lo que cualquier droga o alucinógeno lo haría (y no me hace falta probar drogas para estar seguro de ello).
Yo antes odiaba, odiaba a los maldito que eran felices sabiendo que yo me destrozaba por dentro en algún lugar del Cusco. El odio también era bueno, me daba fuerza, pero dolía. Llegué a un límite del odio que se acumuló a través de mis 20 años de vida. El odio me dolió tanto que me me rendí y resignado admití la derrota.
Pero esa resignación duró poco.
Al poco tiempo el odio creció en mí. Pero ya no era igual. Renunciar una vez al odio me había ablandado el corazón. El odio ya no funcionaba como refugio. Si quería liberarme del dolor causado por esos dos debía llevar mi odio al siguiente nivel. Debía liberar mi odio y acabar con ellos con mis propias manos. Pero eso sería absurdo. Mi lógico ser se interpuso y como nunca me salvó de tener las manos rojas por la sangre. "No lo merecen" me dije. Creí haber encontrado la calma y por un tiempo fue así. Hasta que el bastardo volvió a encender la chispa de mi desgracia y esta vez las consecuencias fueron devastadoras. Para mí.
El odio ya no acudía a mí. Mi corazón ya no tenía espacio para el odio. Me había convertido en un hippie detestable incapaz de odiar a otros. Me volví débil y lamenté haberme derrumbado cuando el odio había alcanzado su punto máximo. Lamenté mi vida, lamenté mi suerte, lamenté mi existencia, lamenté ser cobarde, lamenté haber desaprovechado oportunidades. Los problemas se amontonaron sobre mí como nunca lo habían hecho antes era el jaque mate, estaba atrapado tanto dentro de mí como fuera de mí. El borde de una ventana se aproximaba a mí a cada paso que daba. Lo único que asomé a decir fue: "Todo acabó. Perdí. Ustedes ganan. Ya no puedo más."
Y entonces me reí.
Reí para mis adentros y luego reí en forma de carcajada. Esa risa se prolongó un tipo. ¿Qué me había pasado? ¿Acaso no había sido derrotado por la perra y su ezbirro? ¡Pues claro que sí! ¿Y por qué me reía entonces? ¿No era acaso la derrota final? ¡Sí lo era! ¡¿Y POR QUÉ DIABLOS ME REÍA?!
Aún no lo sé.
Me alejé de la ventana y me dije tanto para mis adentros como para mí "No. Esto no es el final. Es sólo el principio". Y volví a reirme. Esa breve risa. Durante el tiempo que duró esa breve risa todo el dolor desapareció, todo problema o duda sobre mi capacidad se esfumó. Me sentí omnipotente. Me sentí indestructible. Me había demostrado con una risa que esos bastardos no podrían conmigo jamás y que me encargaría de hacer cumplir el dicho: "Quien ríe al último ríe mejor".
El la locura encontré todo el poder que perdí al renunciar al odio. Volví entonces al juego. Más poderoso que nunca. Y esta vez dispuesto a eliminar el mal (que son dos) que me aqueja para siempre. Porque con la locura de mi lado ya no hay límite que exista. La locura elimina esos límites. Ser un loco es algo maravilloso. Y mejor aún es que soy loco pero no estúpido, así que puedo darme cuenta de mi entorno y manipularlo como yo quiera, convertirlo en una trampa para los demás crear caos y confusión en mis enemigos que ni tendrán tiempo de reaccionar. ¿Cómo planear ante alguien qué es impredecible?
Con la locura obtuve lo que siempre quise. Borrar todo sentimiento que exista dentro de mí. Sigo siendo lógico, pienso, pero ya ningún sentimiento se interpone al tomar decisiones. Hago lo que se me antoje, si lo veo por conveniente.
Como House que admira a los autistas porque el mundo es condescendiente con ellos y les permite cosas que a alguien sano no permitiría yo admiro a los locos, porque no son responsables de sus actos. Ellos se dejan llevar por lo que su retorcida mente les diga sin ningún tipo de restricción o traba. Simplemente lo hacen sin pensarlo. Pero hay otros locos aún más admirables. Son aquellos que son capaces de dar la apariencia de ser cuerdos, de ser igual que el vulgo. Pero que dentro suyo resuena la risa maniaca, risa remedio de todos los males que espera ser liberado en un arrebato de insanidad en el momento más preciso sin que ninguna moral o sentimiento se interponga en el camino.
Ufff... Bueno, fue algo cansado (los locos no estúpidos también requieren un descanso). Con esta acometida de locura termino esta redacción. Escribí lo que sentí al sentirme derrotado por dos personas (la historia completa muy pronto) a quienes ya no odio, pero cuyos actos dolorosos contra mí me sacan una sonrisa cada vez que los recuerdo. Que ya no los odie no significa que no me caigan mal o... que ya no quiera sus cráneos como vasijas (¡ja, ja, ja, ja, JA!).
Ahora dentro de mí la locura y la muerte deambulan esperando el momento de su liberación. Pero ya no tengo curiosidad con mi propia muerte, sino con la de otros (¡ja, ja, ja, ja, JA!).
Debo dar algunos agradecimientos. En primer lugar a mi amigo de cole Daniel "el viejo" con el cual acabo de volver a tener contacto después de 3 años en blanco por haberme pasado el dato de un cómic (¿se acuerdan que lo mencioné al principo?) que no fue la fuente de inspiración de este relato (porque todo lo que dice ya se me había ocurrido pero no podía expresarlo en palabras) sino el gatillo motivador de que haya escrito algo hoy.
En segundo lugar a Alan Moore (dibujos) y Brian Bolland (dibujos) por ser los artífices del cómic en cuestión:
Batman: The Killing Joke. Sin lugar a dudas una obra maestra del cómic. Si quieren datos de él descárguenlo con el link que dejo que es de Taringa! para que el que lo posteó originalmente tenga algún reconocimiento.
Finalmente agradecer a Bob Kane y a Bill Finger por ser creadores del universo de mi superhéroe y mi villano favoritos. Las palabras faltan.
Con esto les digo que existen varios caminos para salir del hoyo. Algunos son valientes y pueden salir con algo de esfuerzo. Otros como yo son cobardes o facilistas y al fracasar constantemente pierden la esperanza. Si la pierden, cobraron, están fritos. Pero si logran en el último minuto ver "el lado amable" del asunto entonces no hay duda de que la locura será su compañera fiel a lo largo de su vida. Y la muerte estará ahí también esperando a que atestes el golpe y demuestres que no eres un inútil después de todo. Ya lo dijo el poderoso Akuma: "Si no puedes aprender a vivir, aprende a matar".
Otra frase célebre (si supiera quien la dijo lo mencionaría): "No hay nada más loable en un hombre que la capacidad de reirse de su propia desgracia."
Es hora de disfrutar las últimás horas de vagaciones (¡ja! ¡esta vez no!) viendo Modern Family. Si ganó tantos Emmys será por algo.
Bueno no es que no haya querido escribir nada. Yo a mi blog lo quiero aunque sea sencillo, poco atractivo y esté con más telarañas que el cuarto de Spiderman. Pero que lo quiera no significa que mi blog pueda ganarle a la tentación de darle doble clic a ese iconito azul con una E, que durante estas vacaciones combié por un zorrito, (¡ay, mis vacaciones!) y ponerme a navegar cual bucanero a la deriva por el inmenso océano virtual siguiento cuanto link (¡viva Link!) aparecía en mi camino sin preocuparme siquiera en detenerme el el puerto de mi blog. A decir verdad, estas vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) me sirvieron para introducirme dentro del, hasta hace poco desconocido por mí, lado sórdido de la red en cuyo refugio encontré calma e inspiración (porque me dieron varias ideas).
Si están pensando que buscaba porno son unos malpensados. Jamás gastaría mi tiempo de I-net buscando sexo, yo no soy de la especie común ¿recuerdan? Yo buscaba algo más fantasioso, irreal y por ende "casi" inalcanzable...
Bueno, bueno, ya me desvíe del tema (además son sólo inocentes dibujitos con una trama algo cachonda). No estoy frente al teclado para escribir que hice en mis vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) que hace 6 años que dejé el colegio (ay, mi coleg... ¡no, no! ¡aquí no va eso!)
En mis vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) tuve tambíen tiempo para pensar y recordar algunas cosillas. De hecho tuve poco contacto con mis amigos de la Looneyversidad al menos durante el tiempo del curso vacional, que consumió 2 de los 3 meses que tenía de vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) me encontraba con los poco miembros de mi mancha que atracaron asistir 4 días de la semana a las clases vacacionales. Debo decir que no estuvieron mal, además sólo iba de 7 a.m. a 9 a.m. así que tenía el resto de día para vaguear y jugar en mi compu o hacer un trabajo eventual o escribir un informe. La cosa es que en mi abundante tiempo libre (que ya se fue) pude darle un poco de tiempo al entretenimiento escrito. En pocas palabras: leí cómics y mangas.
De lo que quiero escribir es de un cómic en específico. Un cómic que me trastocó bastate y que en poco más de 60 páginas expresaba todo por lo que yo pasaba en ese momento, porque mis vacaciones (¡ay, mis vacaciones!) no fueron precisamente felices.
De aquí parto con lo de la locura y la muerte. Contar lo que me pasó en específico será motivo de otra entrada (vaya si que postergo muchas cosas) pero la idea principal es de estas dos cosas de las cuales conozco una de forma aproximada y la otra la conozco muy bien.
A la muerte nunca se le conce del todo, a menos que mueras. Yo vivo fascinado por la muerte. Siempre me pregunté qué se siente morir. En mi lógicamente hallaba la respuesta: "Cuando mueres no sientes nada, ¡ya estás muerto idiota!". Esa respuesta lógica por alguna razón no me satisface .Siempre se me queda la duda rondando por mi cabecita llena de vida acerca de qué pasaría si esque derrepente muriera todo rastro de vida que existe en mi cabecita. Yo creo que es algo que todos no hemos preguntado alguna vez. ¿Estar muerto se sentirá? ¿Podrás saber que estás muerto? Yo no creo en cielos ni infiernos así que no tengo muchas posibilidades acerca de hacia dónde irá mi mente después de haberme jugado los descuentos o después de que una tarjeta roja me saque del juego de repente. "La muerte es sólo el comienzo" dice el adagio ¿pero el comienzo de qué? ¿de una nueva vida? ¿de la gloria póstuma al ser recordado? ¿de ser abono para plantas? Pero mi fascinación con la muerte va algo más allá o más bien más acá. Dentro de mi creció el instinto asesino. En estas vacaciones (ay, mis v... ¡esto no es gracioso hombre!) mi instinto asesino creció y se convirtió en algo más, primero en ansiedad y luego en impulso. No me fue muy fácil controlarlo. Aquí es donde entra la segunda comadre: la locura.
A la locura sí la conozoco (mas allá de que esté estudiando para Psicólogo). La siento dentro de mí, permanece a mi lado siempre. Nunca se reprime del todo. Soy un loco, lo sé. Pero hasta estas vacaciones (¡!) recién descubrí pero no tan sólo era un loco amigable que a veces se comporta algo irreverente, sarcástico, sinvergüenza o completamente carente de asco; sino que también había desarrollado la locura como un mecanismo de defensa ante lo que me había pasado, ante mis decepciones y debilidades.
Mi locura creció.
Creció y la dejé crecer. La locura se sentía bien, era como un sueño en la realidad. La locura me daba la fuerza para reirme de mí mismo, de mi falta de carácter, de firmeza, de mi inutilidad, de mi dolor. Con la locura lo veía todo por "el lado amable". Si antes estaba triste, abatido, derrotado y furioso con una perra y su ezbirro (especialmente con el ezbirro) la locura actuó a mi favor mejor de lo que cualquier droga o alucinógeno lo haría (y no me hace falta probar drogas para estar seguro de ello).
Yo antes odiaba, odiaba a los maldito que eran felices sabiendo que yo me destrozaba por dentro en algún lugar del Cusco. El odio también era bueno, me daba fuerza, pero dolía. Llegué a un límite del odio que se acumuló a través de mis 20 años de vida. El odio me dolió tanto que me me rendí y resignado admití la derrota.
Pero esa resignación duró poco.
Al poco tiempo el odio creció en mí. Pero ya no era igual. Renunciar una vez al odio me había ablandado el corazón. El odio ya no funcionaba como refugio. Si quería liberarme del dolor causado por esos dos debía llevar mi odio al siguiente nivel. Debía liberar mi odio y acabar con ellos con mis propias manos. Pero eso sería absurdo. Mi lógico ser se interpuso y como nunca me salvó de tener las manos rojas por la sangre. "No lo merecen" me dije. Creí haber encontrado la calma y por un tiempo fue así. Hasta que el bastardo volvió a encender la chispa de mi desgracia y esta vez las consecuencias fueron devastadoras. Para mí.
El odio ya no acudía a mí. Mi corazón ya no tenía espacio para el odio. Me había convertido en un hippie detestable incapaz de odiar a otros. Me volví débil y lamenté haberme derrumbado cuando el odio había alcanzado su punto máximo. Lamenté mi vida, lamenté mi suerte, lamenté mi existencia, lamenté ser cobarde, lamenté haber desaprovechado oportunidades. Los problemas se amontonaron sobre mí como nunca lo habían hecho antes era el jaque mate, estaba atrapado tanto dentro de mí como fuera de mí. El borde de una ventana se aproximaba a mí a cada paso que daba. Lo único que asomé a decir fue: "Todo acabó. Perdí. Ustedes ganan. Ya no puedo más."
Y entonces me reí.
Reí para mis adentros y luego reí en forma de carcajada. Esa risa se prolongó un tipo. ¿Qué me había pasado? ¿Acaso no había sido derrotado por la perra y su ezbirro? ¡Pues claro que sí! ¿Y por qué me reía entonces? ¿No era acaso la derrota final? ¡Sí lo era! ¡¿Y POR QUÉ DIABLOS ME REÍA?!
Aún no lo sé.
Me alejé de la ventana y me dije tanto para mis adentros como para mí "No. Esto no es el final. Es sólo el principio". Y volví a reirme. Esa breve risa. Durante el tiempo que duró esa breve risa todo el dolor desapareció, todo problema o duda sobre mi capacidad se esfumó. Me sentí omnipotente. Me sentí indestructible. Me había demostrado con una risa que esos bastardos no podrían conmigo jamás y que me encargaría de hacer cumplir el dicho: "Quien ríe al último ríe mejor".
El la locura encontré todo el poder que perdí al renunciar al odio. Volví entonces al juego. Más poderoso que nunca. Y esta vez dispuesto a eliminar el mal (que son dos) que me aqueja para siempre. Porque con la locura de mi lado ya no hay límite que exista. La locura elimina esos límites. Ser un loco es algo maravilloso. Y mejor aún es que soy loco pero no estúpido, así que puedo darme cuenta de mi entorno y manipularlo como yo quiera, convertirlo en una trampa para los demás crear caos y confusión en mis enemigos que ni tendrán tiempo de reaccionar. ¿Cómo planear ante alguien qué es impredecible?
Con la locura obtuve lo que siempre quise. Borrar todo sentimiento que exista dentro de mí. Sigo siendo lógico, pienso, pero ya ningún sentimiento se interpone al tomar decisiones. Hago lo que se me antoje, si lo veo por conveniente.
Como House que admira a los autistas porque el mundo es condescendiente con ellos y les permite cosas que a alguien sano no permitiría yo admiro a los locos, porque no son responsables de sus actos. Ellos se dejan llevar por lo que su retorcida mente les diga sin ningún tipo de restricción o traba. Simplemente lo hacen sin pensarlo. Pero hay otros locos aún más admirables. Son aquellos que son capaces de dar la apariencia de ser cuerdos, de ser igual que el vulgo. Pero que dentro suyo resuena la risa maniaca, risa remedio de todos los males que espera ser liberado en un arrebato de insanidad en el momento más preciso sin que ninguna moral o sentimiento se interponga en el camino.
Ufff... Bueno, fue algo cansado (los locos no estúpidos también requieren un descanso). Con esta acometida de locura termino esta redacción. Escribí lo que sentí al sentirme derrotado por dos personas (la historia completa muy pronto) a quienes ya no odio, pero cuyos actos dolorosos contra mí me sacan una sonrisa cada vez que los recuerdo. Que ya no los odie no significa que no me caigan mal o... que ya no quiera sus cráneos como vasijas (¡ja, ja, ja, ja, JA!).
Ahora dentro de mí la locura y la muerte deambulan esperando el momento de su liberación. Pero ya no tengo curiosidad con mi propia muerte, sino con la de otros (¡ja, ja, ja, ja, JA!).
Debo dar algunos agradecimientos. En primer lugar a mi amigo de cole Daniel "el viejo" con el cual acabo de volver a tener contacto después de 3 años en blanco por haberme pasado el dato de un cómic (¿se acuerdan que lo mencioné al principo?) que no fue la fuente de inspiración de este relato (porque todo lo que dice ya se me había ocurrido pero no podía expresarlo en palabras) sino el gatillo motivador de que haya escrito algo hoy.
En segundo lugar a Alan Moore (dibujos) y Brian Bolland (dibujos) por ser los artífices del cómic en cuestión:
Batman: The Killing Joke. Sin lugar a dudas una obra maestra del cómic. Si quieren datos de él descárguenlo con el link que dejo que es de Taringa! para que el que lo posteó originalmente tenga algún reconocimiento.
Finalmente agradecer a Bob Kane y a Bill Finger por ser creadores del universo de mi superhéroe y mi villano favoritos. Las palabras faltan.
Con esto les digo que existen varios caminos para salir del hoyo. Algunos son valientes y pueden salir con algo de esfuerzo. Otros como yo son cobardes o facilistas y al fracasar constantemente pierden la esperanza. Si la pierden, cobraron, están fritos. Pero si logran en el último minuto ver "el lado amable" del asunto entonces no hay duda de que la locura será su compañera fiel a lo largo de su vida. Y la muerte estará ahí también esperando a que atestes el golpe y demuestres que no eres un inútil después de todo. Ya lo dijo el poderoso Akuma: "Si no puedes aprender a vivir, aprende a matar".
Otra frase célebre (si supiera quien la dijo lo mencionaría): "No hay nada más loable en un hombre que la capacidad de reirse de su propia desgracia."
Es hora de disfrutar las últimás horas de vagaciones (¡ja! ¡esta vez no!) viendo Modern Family. Si ganó tantos Emmys será por algo.
viernes, 16 de julio de 2010
Have you ever been blue?
Volví. Luego de un mes y algo más de inactividad bloguera a causa del mundial de fútbol que vi a pesar de que no me gusta (practicar) el deporte rey. Pero el mundial es el mundial. Cada 4 años el mundo se paraliza y se une en un abrazo virtual mediante sus TVs, radioreceptores, computadoras, celulares; o en un abrazo tangible al estar en el estadio para apoyar a su equipo, ya sea porque lo quiere con el alma, porque el otro le causa animadversión, porque ya apostó un jonca y media grati a uno y si gana el otro se queda misión, por ver las piernas de CR9 o por infinitos motivos. Total, lo que se ama no se entiende, simplemente se le ama.
Aprovecho este espacio para darle mi apoyo al equipo brsileño. Tranquilos muchachos, de aquí a 4 años ganamos en casa.
Retomo el tema que no es de fútbol de lo que quiero hablar (escribir). Empezaré explicando el título: Have you ever been blue? Para mis lectores poco versados en el idioma anglo y que tengan la pereza de copiar la frase y traducirla con cualquier traductor online (si no sabes ni cómo se dice rojo en inglés estás frito pescadito) significa: ¿Te has sentido triste alguna vez? Con estas palabras empieza el anuncio de la película Inocencia interrumpida (o en su título original Girl, interrupted) que pasa actualmente en el Universal Channel (canal 21 de Cable Mágico en Cusco).
Nunca vi la película y ni me interesa verla. Bueno quizás la vea algún día de casualidad como casi todas las películas que he visto. Al ver el comercial lo único que hice fue reparar en esas 5 palabras que me dieron la idea para escribir una vez más acerca de mis ya casi continuos episodios depresivos. También me sorprendí de que blue significara triste o melancólico (todos los días se aprende algo n_n).
Have you ever been blue? Wow. Si alguién me lo preguntara esa sería mi respuesta inicial (Wow). Luego pensaría "¿por dónde empiezo?" Y aquí me detendría, todos mis sinsabores y recuerdos de desesperanza se agolparían en mí en un intento expresar una única vez en la que yo haya estado triste.
Pero como todo tiene un orden y existen los límites está la vez en la que estuve más triste y la que estuve menos triste. Todos tenemos esos dos momentos cruciales en nuestra formación continua como miembros de la especie humana y , como tales destinados a padecer y gozar. Para algunos debe ser díficil encontrar sus límites, es decir la vez que estuvieron más tristes y menos tristes. Encontrar el momento más triste es algo más fácil que hallar su opuesto al menos para mí. Esto es porque los recuerdos más tristes se imprimen en mí como el cincel en la arcilla ( o peor aún, mantequilla). ¡Au! Duele sólo de recordarlo. Mientras más fuerte el recuerdo, más fuerte es la sensación que le acompaña. En mi caso la vez que me sentí más triste fue cuando la persona que amaba se le declaraba a otra frente a mí (suspiro). Relatar tan funesto suceso requeriría una laaarga explicación y una historia lacrimógena. De momento no estoy para eso pero prometo contarlo en otra ocasíon.
Ahora que lo pienso bien todas, bueno, no todas pero una gran parte de las veces que me sentí triste están relacionadas con ese momento de apocalipsis interno. Presenciar a la persona de la cual me enamoré por segunda vez en mi vida (dije persona no objeto, así que la Tele no cuenta) expresando su amor hacia una "usurpadora" (insertar canción de fondo) fue demasiado chocante, y más aún si le aumentamos el hecho de que fue frente a mis ojos. A partir de ese momento la vida tuvo un giro drástico, golpe directo al corazón en sentido figurado y puntapié en el talón en sentido real (ya les explicaré).
Definitivamente si alguien me preguntara si es que estuve triste alguna vez tendría que partir de este punto, el origen de mis males y el punto de partida de una carrera depresiva que parece que no tendrá fin. Horas de sueño perdidas, ideaciones suicidas, alucinaciones, depresión, mareos, borracheras, tiempo de estudio mal aprovechado, odio, rabia, desesperanza, llanto, sed de venganza, letargo, cigarrillos, tos, fiebre, dolor en el cuello y en el corazón, impotencia, sensación de abandono, inutilidad, muerte. Toda esta mierda y tonelada y media más causada por un hecho triste. ¿Triste? ¡¿Triste?! ¡Triste es una forma muy sencilla de llamar toda una maldita desgracia! ¡Triste es cuando se ve la luz o cuando se muere el perro del vecindario o cuando se te pierde la billetera! ¡Pero esto no es sólo triste, esto es mi mayor desgracia, el momento en el que todo se fue al carajo para ser un castigo y nunca volver a ser feliz! ¿Entendiste? ¡NUNCA!
Ejem... Perdón. Me deje llevar por el momento (respiración profunda). Listo. Recuperé el control. Ahora a arreglar esto.
De hecho Have you ever been blue? es una pregunta estúpìda. Es obvio que todos hemos estado tristes alguna vez y si existe alguien que nunca se haya sentido triste preséntenmelo para adorarlo como un Iluminado.
La tristeza es algo cuyos patrones varían de persona a persona y que resulta por demás absurdo intentar estandarizar. Por ejemplo yo acabo de contarles la vez que estuve más triste en mi vida pero otro podría venir y decirme. "Oye huevón, ¿de eso estás llorando? Mírame a mí que estuve en pleno Chincha a la hora del terremoto, vi como a mi novia le caia la pared de mi casa y escuchar como se ahogaba bajo los escombros al tiempo que sentía mi pierna romperse al tropezarme con las rocas. Eso es tragedia no tu cuento puto". Esto sólo para poner un ejemplo.
Como ya dije, cada uno se entristece y siente la tristeza a su modo y la mide según su propia escala de experiencias. Si un alguien me dijera que la vez que estuvo más triste fue cuando vio morir a su padre a manos de terrorista o cuando sus ahorros de toda la vida se le quemaron en un incendio yo les respondería: "Pucha, cierto pues lo que te pasó es triste también, pero no por eso pienso que lo que me pasó es para olvidarlo y ya, yo quizás no puedo imaginarme tu dolor porque nunca lo he experimentado y tú ya no puedes ponerte en mi lugar porque has experimentado otro nivel de tristeza y a menos que alguna vez te haya pasado lo mismo que a mí no puedes decir que lo que me pasó es cualquier cosa y que yo no sufrí tanto como tú porque tú no eres yo y yo no soy tú".
Por eso que dicen que lograr la empatía con otro es difícil, por demás imposible.
Tristes en mayor o menor medida, quedarse estancado en el hoyo es lo peor que se puede hacer, a menos que se quiera batir un récord de mayor nivel de tristeza alcanzada. Acurrúcate en la tristeza si quieres, muérete si lo deseas pero no jodas a los otros que hacen intentos por salir, quizás nunca lo logren, pero intentar ya de por sí es un gran progreso. Creo en la felicidad y creo que puedo sobrellevar mis penas. Es que la tristeza nos hace caer en hoyos, a veces muy profundos que nos impiden alcanzar la felicidad. Como bien dicen en lo difícil está el gusto. Afrontemos el reto de salir del hoyo a nuestro ritmo y sin apresurarnos, hacerlo rápido sólo nos hará tropezar, caer de nuevo y quizás aún más profundo.
Have you ever been blue? Pregunta pendeja y cachosa. La forma de responder a esta pregunta depende de cada uno. Para terminar diré que si la tristeza existe es porque a la vida le gusta jodernos, a veces nos recontrajode, pero la gracia está en no dejarle ganar, cosa difícil pero no imposible. Ahora si quieres te puedes dejar vencer y quedarte en la tristeza, de acuerdo, no te culpo, pero te quedarás sin conocer el sabor de la victoria sobre la vida y el placer de darle una patá en los cojones a la tristeza.
Una cosa más, si de algo debo de agradecer a la tristeza es que hace que me den más ganas de escribir. n_n
Finalmente les dejo una tonadita que anima hasta el más blue.
Aprovecho este espacio para darle mi apoyo al equipo brsileño. Tranquilos muchachos, de aquí a 4 años ganamos en casa.
Retomo el tema que no es de fútbol de lo que quiero hablar (escribir). Empezaré explicando el título: Have you ever been blue? Para mis lectores poco versados en el idioma anglo y que tengan la pereza de copiar la frase y traducirla con cualquier traductor online (si no sabes ni cómo se dice rojo en inglés estás frito pescadito) significa: ¿Te has sentido triste alguna vez? Con estas palabras empieza el anuncio de la película Inocencia interrumpida (o en su título original Girl, interrupted) que pasa actualmente en el Universal Channel (canal 21 de Cable Mágico en Cusco).
Nunca vi la película y ni me interesa verla. Bueno quizás la vea algún día de casualidad como casi todas las películas que he visto. Al ver el comercial lo único que hice fue reparar en esas 5 palabras que me dieron la idea para escribir una vez más acerca de mis ya casi continuos episodios depresivos. También me sorprendí de que blue significara triste o melancólico (todos los días se aprende algo n_n).
Have you ever been blue? Wow. Si alguién me lo preguntara esa sería mi respuesta inicial (Wow). Luego pensaría "¿por dónde empiezo?" Y aquí me detendría, todos mis sinsabores y recuerdos de desesperanza se agolparían en mí en un intento expresar una única vez en la que yo haya estado triste.
Pero como todo tiene un orden y existen los límites está la vez en la que estuve más triste y la que estuve menos triste. Todos tenemos esos dos momentos cruciales en nuestra formación continua como miembros de la especie humana y , como tales destinados a padecer y gozar. Para algunos debe ser díficil encontrar sus límites, es decir la vez que estuvieron más tristes y menos tristes. Encontrar el momento más triste es algo más fácil que hallar su opuesto al menos para mí. Esto es porque los recuerdos más tristes se imprimen en mí como el cincel en la arcilla ( o peor aún, mantequilla). ¡Au! Duele sólo de recordarlo. Mientras más fuerte el recuerdo, más fuerte es la sensación que le acompaña. En mi caso la vez que me sentí más triste fue cuando la persona que amaba se le declaraba a otra frente a mí (suspiro). Relatar tan funesto suceso requeriría una laaarga explicación y una historia lacrimógena. De momento no estoy para eso pero prometo contarlo en otra ocasíon.
Ahora que lo pienso bien todas, bueno, no todas pero una gran parte de las veces que me sentí triste están relacionadas con ese momento de apocalipsis interno. Presenciar a la persona de la cual me enamoré por segunda vez en mi vida (dije persona no objeto, así que la Tele no cuenta) expresando su amor hacia una "usurpadora" (insertar canción de fondo) fue demasiado chocante, y más aún si le aumentamos el hecho de que fue frente a mis ojos. A partir de ese momento la vida tuvo un giro drástico, golpe directo al corazón en sentido figurado y puntapié en el talón en sentido real (ya les explicaré).
Definitivamente si alguien me preguntara si es que estuve triste alguna vez tendría que partir de este punto, el origen de mis males y el punto de partida de una carrera depresiva que parece que no tendrá fin. Horas de sueño perdidas, ideaciones suicidas, alucinaciones, depresión, mareos, borracheras, tiempo de estudio mal aprovechado, odio, rabia, desesperanza, llanto, sed de venganza, letargo, cigarrillos, tos, fiebre, dolor en el cuello y en el corazón, impotencia, sensación de abandono, inutilidad, muerte. Toda esta mierda y tonelada y media más causada por un hecho triste. ¿Triste? ¡¿Triste?! ¡Triste es una forma muy sencilla de llamar toda una maldita desgracia! ¡Triste es cuando se ve la luz o cuando se muere el perro del vecindario o cuando se te pierde la billetera! ¡Pero esto no es sólo triste, esto es mi mayor desgracia, el momento en el que todo se fue al carajo para ser un castigo y nunca volver a ser feliz! ¿Entendiste? ¡NUNCA!
Ejem... Perdón. Me deje llevar por el momento (respiración profunda). Listo. Recuperé el control. Ahora a arreglar esto.
De hecho Have you ever been blue? es una pregunta estúpìda. Es obvio que todos hemos estado tristes alguna vez y si existe alguien que nunca se haya sentido triste preséntenmelo para adorarlo como un Iluminado.
La tristeza es algo cuyos patrones varían de persona a persona y que resulta por demás absurdo intentar estandarizar. Por ejemplo yo acabo de contarles la vez que estuve más triste en mi vida pero otro podría venir y decirme. "Oye huevón, ¿de eso estás llorando? Mírame a mí que estuve en pleno Chincha a la hora del terremoto, vi como a mi novia le caia la pared de mi casa y escuchar como se ahogaba bajo los escombros al tiempo que sentía mi pierna romperse al tropezarme con las rocas. Eso es tragedia no tu cuento puto". Esto sólo para poner un ejemplo.
Como ya dije, cada uno se entristece y siente la tristeza a su modo y la mide según su propia escala de experiencias. Si un alguien me dijera que la vez que estuvo más triste fue cuando vio morir a su padre a manos de terrorista o cuando sus ahorros de toda la vida se le quemaron en un incendio yo les respondería: "Pucha, cierto pues lo que te pasó es triste también, pero no por eso pienso que lo que me pasó es para olvidarlo y ya, yo quizás no puedo imaginarme tu dolor porque nunca lo he experimentado y tú ya no puedes ponerte en mi lugar porque has experimentado otro nivel de tristeza y a menos que alguna vez te haya pasado lo mismo que a mí no puedes decir que lo que me pasó es cualquier cosa y que yo no sufrí tanto como tú porque tú no eres yo y yo no soy tú".
Por eso que dicen que lograr la empatía con otro es difícil, por demás imposible.
Tristes en mayor o menor medida, quedarse estancado en el hoyo es lo peor que se puede hacer, a menos que se quiera batir un récord de mayor nivel de tristeza alcanzada. Acurrúcate en la tristeza si quieres, muérete si lo deseas pero no jodas a los otros que hacen intentos por salir, quizás nunca lo logren, pero intentar ya de por sí es un gran progreso. Creo en la felicidad y creo que puedo sobrellevar mis penas. Es que la tristeza nos hace caer en hoyos, a veces muy profundos que nos impiden alcanzar la felicidad. Como bien dicen en lo difícil está el gusto. Afrontemos el reto de salir del hoyo a nuestro ritmo y sin apresurarnos, hacerlo rápido sólo nos hará tropezar, caer de nuevo y quizás aún más profundo.
Have you ever been blue? Pregunta pendeja y cachosa. La forma de responder a esta pregunta depende de cada uno. Para terminar diré que si la tristeza existe es porque a la vida le gusta jodernos, a veces nos recontrajode, pero la gracia está en no dejarle ganar, cosa difícil pero no imposible. Ahora si quieres te puedes dejar vencer y quedarte en la tristeza, de acuerdo, no te culpo, pero te quedarás sin conocer el sabor de la victoria sobre la vida y el placer de darle una patá en los cojones a la tristeza.
Una cosa más, si de algo debo de agradecer a la tristeza es que hace que me den más ganas de escribir. n_n
Finalmente les dejo una tonadita que anima hasta el más blue.
viernes, 11 de junio de 2010
Tiempos aquellos...
Hace tiempo que quería escribir de mi colegio. De hecho de momento sólo quiero escribir de las cosas que pasé en mi (bueno, en realidad "mis")colegio (plural, "colegios") de secundaria, ya que ese fue el lugar que me marcó y que de alguna forma me dio la pauta para ser tal como soy ahora (no matriculen a sus hijos en mi colegio n_n).
Empecemos pues. Mi colegio era una mierda... Pausa. Haré una confesión. Estuve en dos colegios para secundaria. Uno de ellos es el San José Obrero de Cusco, que es en el cual me voy a enfocar, y el otro es el Colegio Romeritos, colegio nacional. Ahí estudié primer año de secundaria, pero no estoy para nada orgulloso de haber estudiado bajo la guía gubernamental. Es más es algo que no me gusta mencionar porque me da roche. "Puto acomplejado" dirán. Pues sí, soy un acomplejado (y capitalista). Por lo general suelo mentir (¿y la novedad es...?)acerca de esto. Digo que primero de secundaria la estudié en La Salle (ex colegio ficho) o de frente digo que toda mi secundaria estudié en San José Obrero (que nunca fue ficho y nunca lo será). ¿Cómo fue que Ayrton Pilares Platudini tuvo que estudiar bajo el pútrido sistema nacional de educación? Pues fue porque poco tiempo de que mi familia regresara al Cusco después de vivir en Trujillo 5 años en enero de 2002 tuvimos que visitar a todos nuestros familiares endémicos (y a los que estaban de pasada). Eso incluía ir a Quillabamba, que queda en una provincia a 12 horas de Cusco. ¡Por mi baraja de cartas de Yugioh! que odio ese lugar! No me gustan ni el calor ni la humedad ni los mosquitos. Pero esas plagas no era nada comparadas con el más inimaginable castigo. ¡NO HABÍA TELE! (grito desgarrador). Será el lugar de nacimiento de mi padre y donde vivan muchos de mis familiares paternos pero ahí nomás. Aparte que tuve que permanecer ahí por tres semanas (el plan inicial era quedarse una semana, que hubiera sido pasable, pero mi padre no se movía de su terruño)con unos tíos (más bien primos) que ya me tenían hasta los eggs de harto. Especialmente mi primo (más bien sobrino). La cosa es que cuando por fin volvimos a la civilización las matrículas de todos los colegios ,digamos "decentes" estaban ya agotadas. Como necesitaba educación mi padre usó su última carta ( y creo que siempre lamentó haberla usado). Meternos a colegio nacional a mi hermano y a mí (otro grito desgarrador). 9 meses de tortura en un colegio donde las cáscaras de mandarina eran mayoría (y eso que había 40 alumnos por clase y que existían cáscaras de otras frutas y envoltorios que también eran una cantidad respetable). En fin, de esto no es lo que quería hablar (escribir). Voy a hablar (escribir) acerca del colegio donde estudié los otros 4 años de secundaria. El San José obrero (SJO). Ahora sí, quito la pausa y continuemos (sonido de rebobinación).
¿En qué dejamos la acción? Ah si. Mi colegio era una mierda. Pausa. Sólo para aclararar SJO = mierda, Romeritos = MIERDA. No confundir (sonido de rebobinación). Otras personas, que creo que son casi todas están orgullosas de su colegio, no dudan en ir a las fiestas de reencuentro, ir a alentar a su cole en el campeonato de fulbito, ponerse su casaca de promo en todo momento (espera, eso es huachafo), en fin, todo tipo de cosas para mostrar que son orgullosos egresados de una entidad escolar X. Pero con mi colegio ocurre lo contrario. Es el único colegio que conozco cuyos alumnos odian a su alma máter. No soy el único de mi cole que habla sapos y ranas de su casa de estudios secundarios. Pregúntenle a cualquier desafortunado que haya estudiado en mi colegio, y les dirá lo mismo que yo.
¿Por qué el odio de este chico? La respuesta es muy simple: fanatismo religioso. "Mi colegio también era de monjas fregadas y por eso no lo odio, estás exagerando" dirán ustedes. ¡Ja, ja, ja! Si fuera de monjas comunes estaría bien. Pero parece que los "hermanos" y curas que regían mi colegio con mano de hierro se quedaron en la época de la inquisición (no me hubiera sorpendido ver un cilicio bajo las sotanas de los sacerdotes), sé los digo yo que tuve que pasarme rezando las últimas 4 estaciones del vía crucis arrodillado en chapas de botella.
Aparte de la mortificación de la carne como medio para alcanzar la gloria de Dios, en mi colegio había la obligadción de rezar antes de cada clase. Lo peor que todos los profesores tenían que hacer rezar, sino patitas a la calle. La hora que más se detestaba no era Matemática, Química o Física sino la que constaba de 4 letras en el horario: MISA. Así es, era obligatoria y contaba como un curso. Eran torturas de 1 hora (2 en el peor de los casos) al menos para los infieles descarriados como yo (y como la mayoría de gente de ese colegio). Esa misa te jodía el almuerzo pues a veces duraba tanto que ya ni para comer quedaba tiempo. Después de la misa (que era los miércoles a las 12:00 cuando estudiaba) tenía que volver al colegio para continuar con la sapiencia que se extendia a veces hasta las 16:00 O_O. Pobrecitos los que no podían comprarse su huevo con arroz en el mercado de al lado, si pues mi colegio quedaba al lado de un mercado y frente al cuartel del ejército. Era una puna en medio de la nada con vista a la nada (exagero, estaba en medio de un pueblo joven).
Y los profesores pucha, que había de todo tipo: los capos, los idiotas, los fanáticos, los que sólo querían que les paguen, los que no duraban más de un año, los eternos; bueno como cualquier otro colegio, pero en todo caso era divertido verlos aguantarse toda la mierda religiosa con tal de llevar un plato de frejoles a la mesa de su familia, aunque hubo unos que no aguantaron y se fueron con roche y otros que, como eran lamebotas de los curas se la llevaban fácil y hacían la finta de que sabían enseñar.
La cosa es que yo siempre quería hacerle un atentado terrorista a mi colegio como arrojar una molotov a la caseta del vigilante o juntar a la mancha para hacer destrozos tipo el video "the wall" de Pink Floyd(ideas no me faltaron, me faltaron huevos). Odiaba todo de mi colegio, me jodía el profe de religión, la única cancha de cemento donde se jugaban 3 partidos a la vez entre 20 por cada equipo, el ruido del taller de estructuras metálicas, la sirena de bombero que anunciaba el cambio de hora, y especialmente los cursos por la hueva. Hubiera salido temprano de mi colegio como cualquier estudiante normal a las 2:30 o 3:00,¡pero no! Tenía que llevar una huevada que se justificaba por ser supuestamente "educación para el trabajo" y que era desde las 14:05 hasta las 15:45 (a veces más). Que buena educación para el trabajo recibí aprendiendo con una Lentium II con Windows 98 y sólo con entrada de disquette (los cuales cuidaba como oro porque si les pasaba cualquier cosa se fregaba todo el trabajo del año). Pero lo peor no era eso el curso más detestable no era ni Religión (que aprobaba con 11 por mis ideas radicales y por negarme a escribir el evangelio del domingo) ni Historia de la Iglesia (la historia me gusta, por lo que aprobaba, pero no me gustaba que dijeran que la Iglesia justificaba sus actos porque estaban bajo la bendición de Dios).
La peor cagada (que buena descripción) era Dibujo Técnico. ¿Qué es esto? Bueno es el conocido dibujo industrial que manejan los arquitectos e ingenieros para hacer planos, maquetas, piezas metálicas,etc. ¡BULLSHIT! Por esa huevada (puta cómo la odiaba)casi repito 5º grado. Es que jalar un curso era sinónimo de repetir de año. Dos o más era expulsión por incapacidad académica. Detesto tener que ser detallista en algo que no me gusta. De nada me sirvió quedarme hasta altas horas de la noche haciendo mis proyecciones y óvalos (distinto de ovoide) para que al día siguiente el profesor me dijera: "Está mal señor, tiene que hacerlo mejor para la próxima. De momento tiene 10 mientras no lo corrija". ¡Y lo correjía! Volvía a hacer de nuevo toda la cosa me fijaba en cada detalle, ¿para qué? Para que el resultado fuera el mismo o subiera un puntito (¡y eso!). Cansado de esa shit dejé de esforzarme en 5º grado, por eso casi repito (aunque por cosas que diré más abajo, hubiera sido lo mejor). Nunca fui bueno dibujando.
Enumerar las todas las cosas abominables de mi ex colegio sería como volver a escribir la biblia (la cual me sé casi de memoria). Por suerte las cosas rescatables de mi colegio son pocas y fáciles de relatar.
Primero que nada: mis amigos. Conocí gente de todo tipo, condición económica, raza, tamaño; en fin, en mi colegio (que no era para nada caro, otro punto bueno, al menos durante mi estadía) aprendí a fraternizar con otras personas, rompí mi cascarón de chico solitario y me volví más extrovertido. Tanto a mis amigos como a mí nos sorprendió el cambio radical y doy fe de eso. Comprendí gracias a mis amigos el valor de un abrazo de felicitación, el dolor por la partida de un ser querido,a no avergonzarme de mis raíces, a no rendirme si las cosas no salen como quería, a cuidar la plata, a querer a mi familia, a ser solidario, a fumar, etc. Cosas que estoy olvidando poco a poco o que ya olvidé. Gracias a mis patas de cole por estar ahí conmigo en las buenas, las graciosas y las malas (ya les dedícaré una entrada).
Segundo. La educación. Cuesta reconocerlo de mi parte, pero si mi ex cole es prestigioso por algo es por su alto nivel de exigencia y la calidad de educación que brinda. Sufrí de desgaste mental las primeras semanas a las que asistí. Lloré delante de un profesor porque creí que el esfuerzo era demasiado para mi cerebro. Le puse empeño y logré destacar. Quizás nunca estuve en el ranking de los tres mejores, pero definitivamente estaba en el top 10. Y a los primeros mis respetos, porque si estaban ahí es porque superaron es enfermedad que aún me acosa: flojitis (¿o quizás porque sí hacían educación física o copiaban el evangelio aparte de ser chocheras de los curas? Nunca lo sabré).
Tecero. Allí fue donde me enamoré por primera vez (hablo de un ser humano esta vez). Aquí la cosa es algo dicotómica. Por un lado sufrí, lloré, me deprimí e intenté suicidarme por el amor no correspondido. Por otro sentí que mi vida tenía objeto de ser, pensé en mi futuro, obtuve motivación para ir al colegio, descubrí la felicidad que se siente cuando la persona que quieres pasa a tu lado, sentí el roche que hacen los compañeros cuando te molestan con la persona que te gusta. Esto último me alegraba más que molestarme (aunque a veces se excedían).
No sé si lo mencioné. Pero mi colegio era sólo de varones (O_O). Tampoco sé si mencioné que soy gay (!). Bueno ahora lo saben. A mi colegio le agredezco eso. Haberme podido mostrar, a mí, un adolescente huraño y materialista empeñado en vivir sólo y recluido podría llegar a sentir eso que los humanos llaman "amor". Sentir que se puede vivir por alguien. Y es que hasta las bestias más horribles se enamoran, como diría la mamá del profesor Crocker.
Una cosa es segura. Cuando un chico termina de estudiar en mi colegio tiene dos opciones: una es volverse ateo, y la otra es volverse cabro. La experiencia confirma esta premisa. Yo tuve que salir con doble premio.
Él (cuyo nombre no revelaré de momento) iba a un grado menos que yo. Por eso digo que repetir 5º grado hubiera sido como la consagración. Todas las mañanas nos formábamos y mientras el profesor encargado rezaba o daba indicaciones yo lo veía formado con los otros chicos de su grado. Y mi mundo se hacía hermoso. No sólo lo veía al empezar las clases. Lo veía siempre que podía. Era lo que más me gustaba del colegio y sin duda lo que día tras día me motivaba a seguir estudiando en ese claustro.
Lo que me duele es que nunca pasó nada entre mi primer amor y yo. Es más, él desarrolló animadversión hacia mí. Cosa rara porque en mi colegio todos los alumnos me querían (no de la forma que hubiera preferido) y los profesores me respetaban (por ser buen educando y por ser perrito fiel de los profesores viles y pataza de los profesores que en verdad eran docentes, o sea los capos).
Me duelen los dedos de tanto escribir. Pero mi mente no se cansa de recordarme cada cosa, cada momento de mi colegio. De momento debo decirle basta. Con recordar a mi primer amor ya fue demasiado. Me prometo escribir acerca de él y de todas las cosas que viví en mi colegio, de mierda. pero mi colegio al fin y al cabo.
Corrección, ex colegio. Demonios, no han pasado más de 4 años y ya lo extraño. Cambiaría todo por volver a mi cole, volver a ver a mis patas, a los profes capos y a mi amor de colegio. Eso sí, obviando los cursos, la religión, los profes inútiles, la sirena, el pan con mate,...
¡Ahhhh! Tiempos aquellos.
Empecemos pues. Mi colegio era una mierda... Pausa. Haré una confesión. Estuve en dos colegios para secundaria. Uno de ellos es el San José Obrero de Cusco, que es en el cual me voy a enfocar, y el otro es el Colegio Romeritos, colegio nacional. Ahí estudié primer año de secundaria, pero no estoy para nada orgulloso de haber estudiado bajo la guía gubernamental. Es más es algo que no me gusta mencionar porque me da roche. "Puto acomplejado" dirán. Pues sí, soy un acomplejado (y capitalista). Por lo general suelo mentir (¿y la novedad es...?)acerca de esto. Digo que primero de secundaria la estudié en La Salle (ex colegio ficho) o de frente digo que toda mi secundaria estudié en San José Obrero (que nunca fue ficho y nunca lo será). ¿Cómo fue que Ayrton Pilares Platudini tuvo que estudiar bajo el pútrido sistema nacional de educación? Pues fue porque poco tiempo de que mi familia regresara al Cusco después de vivir en Trujillo 5 años en enero de 2002 tuvimos que visitar a todos nuestros familiares endémicos (y a los que estaban de pasada). Eso incluía ir a Quillabamba, que queda en una provincia a 12 horas de Cusco. ¡Por mi baraja de cartas de Yugioh! que odio ese lugar! No me gustan ni el calor ni la humedad ni los mosquitos. Pero esas plagas no era nada comparadas con el más inimaginable castigo. ¡NO HABÍA TELE! (grito desgarrador). Será el lugar de nacimiento de mi padre y donde vivan muchos de mis familiares paternos pero ahí nomás. Aparte que tuve que permanecer ahí por tres semanas (el plan inicial era quedarse una semana, que hubiera sido pasable, pero mi padre no se movía de su terruño)con unos tíos (más bien primos) que ya me tenían hasta los eggs de harto. Especialmente mi primo (más bien sobrino). La cosa es que cuando por fin volvimos a la civilización las matrículas de todos los colegios ,digamos "decentes" estaban ya agotadas. Como necesitaba educación mi padre usó su última carta ( y creo que siempre lamentó haberla usado). Meternos a colegio nacional a mi hermano y a mí (otro grito desgarrador). 9 meses de tortura en un colegio donde las cáscaras de mandarina eran mayoría (y eso que había 40 alumnos por clase y que existían cáscaras de otras frutas y envoltorios que también eran una cantidad respetable). En fin, de esto no es lo que quería hablar (escribir). Voy a hablar (escribir) acerca del colegio donde estudié los otros 4 años de secundaria. El San José obrero (SJO). Ahora sí, quito la pausa y continuemos (sonido de rebobinación).
¿En qué dejamos la acción? Ah si. Mi colegio era una mierda. Pausa. Sólo para aclararar SJO = mierda, Romeritos = MIERDA. No confundir (sonido de rebobinación). Otras personas, que creo que son casi todas están orgullosas de su colegio, no dudan en ir a las fiestas de reencuentro, ir a alentar a su cole en el campeonato de fulbito, ponerse su casaca de promo en todo momento (espera, eso es huachafo), en fin, todo tipo de cosas para mostrar que son orgullosos egresados de una entidad escolar X. Pero con mi colegio ocurre lo contrario. Es el único colegio que conozco cuyos alumnos odian a su alma máter. No soy el único de mi cole que habla sapos y ranas de su casa de estudios secundarios. Pregúntenle a cualquier desafortunado que haya estudiado en mi colegio, y les dirá lo mismo que yo.
¿Por qué el odio de este chico? La respuesta es muy simple: fanatismo religioso. "Mi colegio también era de monjas fregadas y por eso no lo odio, estás exagerando" dirán ustedes. ¡Ja, ja, ja! Si fuera de monjas comunes estaría bien. Pero parece que los "hermanos" y curas que regían mi colegio con mano de hierro se quedaron en la época de la inquisición (no me hubiera sorpendido ver un cilicio bajo las sotanas de los sacerdotes), sé los digo yo que tuve que pasarme rezando las últimas 4 estaciones del vía crucis arrodillado en chapas de botella.
Aparte de la mortificación de la carne como medio para alcanzar la gloria de Dios, en mi colegio había la obligadción de rezar antes de cada clase. Lo peor que todos los profesores tenían que hacer rezar, sino patitas a la calle. La hora que más se detestaba no era Matemática, Química o Física sino la que constaba de 4 letras en el horario: MISA. Así es, era obligatoria y contaba como un curso. Eran torturas de 1 hora (2 en el peor de los casos) al menos para los infieles descarriados como yo (y como la mayoría de gente de ese colegio). Esa misa te jodía el almuerzo pues a veces duraba tanto que ya ni para comer quedaba tiempo. Después de la misa (que era los miércoles a las 12:00 cuando estudiaba) tenía que volver al colegio para continuar con la sapiencia que se extendia a veces hasta las 16:00 O_O. Pobrecitos los que no podían comprarse su huevo con arroz en el mercado de al lado, si pues mi colegio quedaba al lado de un mercado y frente al cuartel del ejército. Era una puna en medio de la nada con vista a la nada (exagero, estaba en medio de un pueblo joven).
Y los profesores pucha, que había de todo tipo: los capos, los idiotas, los fanáticos, los que sólo querían que les paguen, los que no duraban más de un año, los eternos; bueno como cualquier otro colegio, pero en todo caso era divertido verlos aguantarse toda la mierda religiosa con tal de llevar un plato de frejoles a la mesa de su familia, aunque hubo unos que no aguantaron y se fueron con roche y otros que, como eran lamebotas de los curas se la llevaban fácil y hacían la finta de que sabían enseñar.
La cosa es que yo siempre quería hacerle un atentado terrorista a mi colegio como arrojar una molotov a la caseta del vigilante o juntar a la mancha para hacer destrozos tipo el video "the wall" de Pink Floyd(ideas no me faltaron, me faltaron huevos). Odiaba todo de mi colegio, me jodía el profe de religión, la única cancha de cemento donde se jugaban 3 partidos a la vez entre 20 por cada equipo, el ruido del taller de estructuras metálicas, la sirena de bombero que anunciaba el cambio de hora, y especialmente los cursos por la hueva. Hubiera salido temprano de mi colegio como cualquier estudiante normal a las 2:30 o 3:00,¡pero no! Tenía que llevar una huevada que se justificaba por ser supuestamente "educación para el trabajo" y que era desde las 14:05 hasta las 15:45 (a veces más). Que buena educación para el trabajo recibí aprendiendo con una Lentium II con Windows 98 y sólo con entrada de disquette (los cuales cuidaba como oro porque si les pasaba cualquier cosa se fregaba todo el trabajo del año). Pero lo peor no era eso el curso más detestable no era ni Religión (que aprobaba con 11 por mis ideas radicales y por negarme a escribir el evangelio del domingo) ni Historia de la Iglesia (la historia me gusta, por lo que aprobaba, pero no me gustaba que dijeran que la Iglesia justificaba sus actos porque estaban bajo la bendición de Dios).
La peor cagada (que buena descripción) era Dibujo Técnico. ¿Qué es esto? Bueno es el conocido dibujo industrial que manejan los arquitectos e ingenieros para hacer planos, maquetas, piezas metálicas,etc. ¡BULLSHIT! Por esa huevada (puta cómo la odiaba)casi repito 5º grado. Es que jalar un curso era sinónimo de repetir de año. Dos o más era expulsión por incapacidad académica. Detesto tener que ser detallista en algo que no me gusta. De nada me sirvió quedarme hasta altas horas de la noche haciendo mis proyecciones y óvalos (distinto de ovoide) para que al día siguiente el profesor me dijera: "Está mal señor, tiene que hacerlo mejor para la próxima. De momento tiene 10 mientras no lo corrija". ¡Y lo correjía! Volvía a hacer de nuevo toda la cosa me fijaba en cada detalle, ¿para qué? Para que el resultado fuera el mismo o subiera un puntito (¡y eso!). Cansado de esa shit dejé de esforzarme en 5º grado, por eso casi repito (aunque por cosas que diré más abajo, hubiera sido lo mejor). Nunca fui bueno dibujando.
Enumerar las todas las cosas abominables de mi ex colegio sería como volver a escribir la biblia (la cual me sé casi de memoria). Por suerte las cosas rescatables de mi colegio son pocas y fáciles de relatar.
Primero que nada: mis amigos. Conocí gente de todo tipo, condición económica, raza, tamaño; en fin, en mi colegio (que no era para nada caro, otro punto bueno, al menos durante mi estadía) aprendí a fraternizar con otras personas, rompí mi cascarón de chico solitario y me volví más extrovertido. Tanto a mis amigos como a mí nos sorprendió el cambio radical y doy fe de eso. Comprendí gracias a mis amigos el valor de un abrazo de felicitación, el dolor por la partida de un ser querido,a no avergonzarme de mis raíces, a no rendirme si las cosas no salen como quería, a cuidar la plata, a querer a mi familia, a ser solidario, a fumar, etc. Cosas que estoy olvidando poco a poco o que ya olvidé. Gracias a mis patas de cole por estar ahí conmigo en las buenas, las graciosas y las malas (ya les dedícaré una entrada).
Segundo. La educación. Cuesta reconocerlo de mi parte, pero si mi ex cole es prestigioso por algo es por su alto nivel de exigencia y la calidad de educación que brinda. Sufrí de desgaste mental las primeras semanas a las que asistí. Lloré delante de un profesor porque creí que el esfuerzo era demasiado para mi cerebro. Le puse empeño y logré destacar. Quizás nunca estuve en el ranking de los tres mejores, pero definitivamente estaba en el top 10. Y a los primeros mis respetos, porque si estaban ahí es porque superaron es enfermedad que aún me acosa: flojitis (¿o quizás porque sí hacían educación física o copiaban el evangelio aparte de ser chocheras de los curas? Nunca lo sabré).
Tecero. Allí fue donde me enamoré por primera vez (hablo de un ser humano esta vez). Aquí la cosa es algo dicotómica. Por un lado sufrí, lloré, me deprimí e intenté suicidarme por el amor no correspondido. Por otro sentí que mi vida tenía objeto de ser, pensé en mi futuro, obtuve motivación para ir al colegio, descubrí la felicidad que se siente cuando la persona que quieres pasa a tu lado, sentí el roche que hacen los compañeros cuando te molestan con la persona que te gusta. Esto último me alegraba más que molestarme (aunque a veces se excedían).
No sé si lo mencioné. Pero mi colegio era sólo de varones (O_O). Tampoco sé si mencioné que soy gay (!). Bueno ahora lo saben. A mi colegio le agredezco eso. Haberme podido mostrar, a mí, un adolescente huraño y materialista empeñado en vivir sólo y recluido podría llegar a sentir eso que los humanos llaman "amor". Sentir que se puede vivir por alguien. Y es que hasta las bestias más horribles se enamoran, como diría la mamá del profesor Crocker.
Una cosa es segura. Cuando un chico termina de estudiar en mi colegio tiene dos opciones: una es volverse ateo, y la otra es volverse cabro. La experiencia confirma esta premisa. Yo tuve que salir con doble premio.
Él (cuyo nombre no revelaré de momento) iba a un grado menos que yo. Por eso digo que repetir 5º grado hubiera sido como la consagración. Todas las mañanas nos formábamos y mientras el profesor encargado rezaba o daba indicaciones yo lo veía formado con los otros chicos de su grado. Y mi mundo se hacía hermoso. No sólo lo veía al empezar las clases. Lo veía siempre que podía. Era lo que más me gustaba del colegio y sin duda lo que día tras día me motivaba a seguir estudiando en ese claustro.
Lo que me duele es que nunca pasó nada entre mi primer amor y yo. Es más, él desarrolló animadversión hacia mí. Cosa rara porque en mi colegio todos los alumnos me querían (no de la forma que hubiera preferido) y los profesores me respetaban (por ser buen educando y por ser perrito fiel de los profesores viles y pataza de los profesores que en verdad eran docentes, o sea los capos).
Me duelen los dedos de tanto escribir. Pero mi mente no se cansa de recordarme cada cosa, cada momento de mi colegio. De momento debo decirle basta. Con recordar a mi primer amor ya fue demasiado. Me prometo escribir acerca de él y de todas las cosas que viví en mi colegio, de mierda. pero mi colegio al fin y al cabo.
Corrección, ex colegio. Demonios, no han pasado más de 4 años y ya lo extraño. Cambiaría todo por volver a mi cole, volver a ver a mis patas, a los profes capos y a mi amor de colegio. Eso sí, obviando los cursos, la religión, los profes inútiles, la sirena, el pan con mate,...
¡Ahhhh! Tiempos aquellos.
miércoles, 9 de junio de 2010
Y hablando de fútbol...
Siempre detesté los deportes, en especial el fútbol, sin embargo voy a hacer lo posible por no perderme ni un sólo partido del mundial, como tengo clases en las mañanas voy a tener que obviar algunos. Eso sí, para los partidos de Brasil me quedo en mi casa así haya examen parcial, oral,recuperación o cualquier otra superfluosidad.
Pero ¿no había dicho qué no me gustan los deportes? Bueno soy un idiota que se contradice a sí mismo. Voy a ordenar las ideas. En palabras simples, me gusta ver deporte. Practicarlo es otra cosa. Sé mucho sobre estadísticas, historia de mundiales, jugadores, clubes, trofeos, goles, contrataciones; en fin, como cualquier nerd. Por otro lado no puedo hacer más de tres dominaditas y cuando corro tras el balón termino en el suelo porque lo pisé (¿a quién no le ha pasado? bueno a mi me pasa siempre).
Haré una retrospectiva, de las tantas que me gusta hacer para sufrir un poquito y para recordar el porqué de mi aversión al rey de los deportes.
Mi trauma comenzó en la infacia (como cualquier otro trauma).Yo era uno de los otros tantos niós influenciado por los Supercampeones y que soñaba algún día llegar a ser tan bueno como Benji, Tom o particularmente Andy Johnson (el mejor futbolista de la serie).Oliver no me gustaba para nada, me parecía un maldito freak del deporte sin neurona alguna y su filosofía de "el balón es tu amigo" es tan estúpida y falsa como la promesa de que Perú va a jugar un mundial. La cosa era que no me importaba joderme las rodillas o rasparme la piel de las manos cuando me caía. Yo creí en Oliver. Error.
Parecerá poco creible para los que me conocen pero en inicial y en primaria era un capísimo (bueno no tanto, digamos sólo un capo). De medio de la cancha para atrás era el amo y señor. Hasta de arquero la rompía. No jugaba de delantero porque todo el mundo quiere marcar goles, todos quieren hacerse famosos y gritar ¡gol! Pero a mí no me gustaba eso. El ser delantero era (y es)una afición muy prostituida entre mis compañeros de colegio (y porque no decirlo, del Perú). Podía desempeñarme bien adelante pero no quería asemejarme al vulgo así que me quedaba en la retaguardia. Y eso que fue difícil mostrar mis aptitudes futbolísticas (chico con lentes = mal deportista, cuán cierta es esta proposición, aunque en esa época me propuse romper la regla). Bueno, la cosa ocurrió en 4º grado de primaria. Jugaba yo de arquero y el equipo de mi clase jugaba contra los de 3º. Un chibolo del equipo contrario pilla a la defensa desprevenida y hace tremendo pase al hueco a otro que estaba evidentemente en off-side (de niño nadie juega con esa regla). Me adelanto entonces para coger el balón y hago la tapada "divina" de Hugo Gatti (arquero del Boca famoso por su extravagancia fuera de las canchas y dentro de ellas, comparto cosas con él, en espcial el hecho de haber sido ambos "arqueros-jugadores"). La cosa es que la tapada de Dios falló O_O. No sé como esa pelota da un rebote en el piso y se eleva sobre mí, que estaba arrodillado para emular la técnica de Gatti. La pelota se queda entonces sobre mí girando sobre mi cabeza. Estiré mis brazos lo más que pude, mis uñas casi la rozaban pero lo logré alcanzarla. Yo podría jurar que la puta pelota se quedó flotando fuera del alcance de mis brazos y girando por unos segundos con actitud pendeja cómo si me dijera "A que no me cojes imbécil. Aquí te jodes para siempre" mientras hacía intentos desesperados por coger la redonda.
No recuerdo cuanto estaba el marcador, ni cuanto quedó el partido. Pero ese error, esa diferencia de milímetros (qué milímetros, ¡micras!) entre mis uñas y el material de la bola (del que están hechas las bolas de yaxes para que haya tenido tal efecto) me valió la furia, desprecio, y odio de mis compañeritos. Me pusieron apodos de todo tipo. "Gato, anda juega con tu madeja" y me tiraban una pelota. "No, un gato coge la madeja". "No querías coger la bola para no arruinarte las uñas ¿verdad?". "El Ayrton es como el ascensor del Botija" "¡¿Por qué?!" "Porque no se despega del suelo".
Seguro dirán "¡Báh!¡Tonterías!Los niños son muy crueles pero no te lo debiste tomar en serio". Pues bien los niños pueden ser MUY crueles y que lo que decían de mí, lo que me molestaban me resbalaba. Pero surgieron ciertas cosas que acrecentaron mis dudas sobre mis capacidades y que incrementaron las burlas de mis amigos (con amigos así quien quiere enemigos). Primero mis pies comenzaron a evitar toda las pelotas involuntariamente. Las bolas iban por un lado y mis pies por otro, como si fueran polos iguales de dos imanes. Ya también los polos diferentes eran las pelotas y mi cara que se convirtió en el tercer palo vertical del arco al cual era más fácil atinarle que hacer hacer un gol en un arco de 3 metros."El balón es tu amigo". Púdrete Oliver.
Me terminé cansando del dolor, la sangre y la humillación que causaban las pelotas en mi cara. El fútbol y yo rompimos relaciones formales desde que entré a secundaria. Sin embargo allí también tuve que jugar ya que sino el profe me reprobaba en educación física. "Nadie jala en educación física", dirán ustedes. Pues bien yo sí jalé. Y dos veces con 10.
Muchas veces traté de reconciliarme con el balompié, pero no sé que me pasa. Vuelve el terror a la humillación, recuerdo el dolor de la pelota cuando da en la cara o el ahogamiento que se produce cuando da en el estómago. Me preocupa tanto equivocarme que termino equivocándome. Es algo que no he podido superar y que no me preocupo por superar, para mí el fútbol ya fue.
Ahora estoy del lado de los que nunca aprendieron a jugar fútbol en su vida o que al igual que yo terminaron rehuyendo de la humillación y el miedo. Me volví crítico y hasta comentarista. Aunque en primaria también fui árbitro (mala idea, lo único más despreciado que un mal futbolista es un árbitro). Debo decir que encuentro un perverso placer en burlarme de los futbolistas cuando cometen un error (venganza, que le dicen). Disfruto al rajar del pobre, miserable y paupérrimo desempeño de mis compañeros de universidad al intentar jugar al fútbol y los desprecio cuando ganan. "Que atorrante" dirán. Pues sí y a mucha honra.
Sin embargo aún aprecio el buen futbol (fútbol nacional mis cojones, a mí háblame del Real, el Bayern, Johan Cruyff, Valdano,etc. Quizás a mis hijos los inculque bajo una formación teórica del fútbol y si lo quieren practicar que lo hagan bajo su propio riesgo
En cuanto a mí no vuelvo a tocar un pelota en mi vida. Para eso crearon los dioses el FIFA y el PES, para renegados como yo.
He aquí al maestro Gatti. No encontré video en mejor calidad pero debe haber por ahí. En 1:08 puede verse la "tapada de Dios".
Pero ¿no había dicho qué no me gustan los deportes? Bueno soy un idiota que se contradice a sí mismo. Voy a ordenar las ideas. En palabras simples, me gusta ver deporte. Practicarlo es otra cosa. Sé mucho sobre estadísticas, historia de mundiales, jugadores, clubes, trofeos, goles, contrataciones; en fin, como cualquier nerd. Por otro lado no puedo hacer más de tres dominaditas y cuando corro tras el balón termino en el suelo porque lo pisé (¿a quién no le ha pasado? bueno a mi me pasa siempre).
Haré una retrospectiva, de las tantas que me gusta hacer para sufrir un poquito y para recordar el porqué de mi aversión al rey de los deportes.
Mi trauma comenzó en la infacia (como cualquier otro trauma).Yo era uno de los otros tantos niós influenciado por los Supercampeones y que soñaba algún día llegar a ser tan bueno como Benji, Tom o particularmente Andy Johnson (el mejor futbolista de la serie).Oliver no me gustaba para nada, me parecía un maldito freak del deporte sin neurona alguna y su filosofía de "el balón es tu amigo" es tan estúpida y falsa como la promesa de que Perú va a jugar un mundial. La cosa era que no me importaba joderme las rodillas o rasparme la piel de las manos cuando me caía. Yo creí en Oliver. Error.
Parecerá poco creible para los que me conocen pero en inicial y en primaria era un capísimo (bueno no tanto, digamos sólo un capo). De medio de la cancha para atrás era el amo y señor. Hasta de arquero la rompía. No jugaba de delantero porque todo el mundo quiere marcar goles, todos quieren hacerse famosos y gritar ¡gol! Pero a mí no me gustaba eso. El ser delantero era (y es)una afición muy prostituida entre mis compañeros de colegio (y porque no decirlo, del Perú). Podía desempeñarme bien adelante pero no quería asemejarme al vulgo así que me quedaba en la retaguardia. Y eso que fue difícil mostrar mis aptitudes futbolísticas (chico con lentes = mal deportista, cuán cierta es esta proposición, aunque en esa época me propuse romper la regla). Bueno, la cosa ocurrió en 4º grado de primaria. Jugaba yo de arquero y el equipo de mi clase jugaba contra los de 3º. Un chibolo del equipo contrario pilla a la defensa desprevenida y hace tremendo pase al hueco a otro que estaba evidentemente en off-side (de niño nadie juega con esa regla). Me adelanto entonces para coger el balón y hago la tapada "divina" de Hugo Gatti (arquero del Boca famoso por su extravagancia fuera de las canchas y dentro de ellas, comparto cosas con él, en espcial el hecho de haber sido ambos "arqueros-jugadores"). La cosa es que la tapada de Dios falló O_O. No sé como esa pelota da un rebote en el piso y se eleva sobre mí, que estaba arrodillado para emular la técnica de Gatti. La pelota se queda entonces sobre mí girando sobre mi cabeza. Estiré mis brazos lo más que pude, mis uñas casi la rozaban pero lo logré alcanzarla. Yo podría jurar que la puta pelota se quedó flotando fuera del alcance de mis brazos y girando por unos segundos con actitud pendeja cómo si me dijera "A que no me cojes imbécil. Aquí te jodes para siempre" mientras hacía intentos desesperados por coger la redonda.
No recuerdo cuanto estaba el marcador, ni cuanto quedó el partido. Pero ese error, esa diferencia de milímetros (qué milímetros, ¡micras!) entre mis uñas y el material de la bola (del que están hechas las bolas de yaxes para que haya tenido tal efecto) me valió la furia, desprecio, y odio de mis compañeritos. Me pusieron apodos de todo tipo. "Gato, anda juega con tu madeja" y me tiraban una pelota. "No, un gato coge la madeja". "No querías coger la bola para no arruinarte las uñas ¿verdad?". "El Ayrton es como el ascensor del Botija" "¡¿Por qué?!" "Porque no se despega del suelo".
Seguro dirán "¡Báh!¡Tonterías!Los niños son muy crueles pero no te lo debiste tomar en serio". Pues bien los niños pueden ser MUY crueles y que lo que decían de mí, lo que me molestaban me resbalaba. Pero surgieron ciertas cosas que acrecentaron mis dudas sobre mis capacidades y que incrementaron las burlas de mis amigos (con amigos así quien quiere enemigos). Primero mis pies comenzaron a evitar toda las pelotas involuntariamente. Las bolas iban por un lado y mis pies por otro, como si fueran polos iguales de dos imanes. Ya también los polos diferentes eran las pelotas y mi cara que se convirtió en el tercer palo vertical del arco al cual era más fácil atinarle que hacer hacer un gol en un arco de 3 metros."El balón es tu amigo". Púdrete Oliver.
Me terminé cansando del dolor, la sangre y la humillación que causaban las pelotas en mi cara. El fútbol y yo rompimos relaciones formales desde que entré a secundaria. Sin embargo allí también tuve que jugar ya que sino el profe me reprobaba en educación física. "Nadie jala en educación física", dirán ustedes. Pues bien yo sí jalé. Y dos veces con 10.
Muchas veces traté de reconciliarme con el balompié, pero no sé que me pasa. Vuelve el terror a la humillación, recuerdo el dolor de la pelota cuando da en la cara o el ahogamiento que se produce cuando da en el estómago. Me preocupa tanto equivocarme que termino equivocándome. Es algo que no he podido superar y que no me preocupo por superar, para mí el fútbol ya fue.
Ahora estoy del lado de los que nunca aprendieron a jugar fútbol en su vida o que al igual que yo terminaron rehuyendo de la humillación y el miedo. Me volví crítico y hasta comentarista. Aunque en primaria también fui árbitro (mala idea, lo único más despreciado que un mal futbolista es un árbitro). Debo decir que encuentro un perverso placer en burlarme de los futbolistas cuando cometen un error (venganza, que le dicen). Disfruto al rajar del pobre, miserable y paupérrimo desempeño de mis compañeros de universidad al intentar jugar al fútbol y los desprecio cuando ganan. "Que atorrante" dirán. Pues sí y a mucha honra.
Sin embargo aún aprecio el buen futbol (fútbol nacional mis cojones, a mí háblame del Real, el Bayern, Johan Cruyff, Valdano,etc. Quizás a mis hijos los inculque bajo una formación teórica del fútbol y si lo quieren practicar que lo hagan bajo su propio riesgo
En cuanto a mí no vuelvo a tocar un pelota en mi vida. Para eso crearon los dioses el FIFA y el PES, para renegados como yo.
He aquí al maestro Gatti. No encontré video en mejor calidad pero debe haber por ahí. En 1:08 puede verse la "tapada de Dios".
domingo, 6 de junio de 2010
Recordando el primer amor
Siempre pensé que las personas que se dedicaban a mantener un blog o alguna página personal tipo facebook, hi5 o metroflog no tenían otra cosa que hacer más que publicitarse en la red mostrando sus fotos o la cantidad de amigos que tiene y de los cuales conoce menos que el 10%. Bueno esta opinión cambió a raíz de que mi Maestro, que en realidad es mi primo (al cual ya le dedicaré unas palabras en futuras entradas), creó su propio blog ,también facebook y seguro dispone de otros medios en la red que desconozco y porque, bueno, yo también creé mi propio blog motivado tal vez por la iniciativa de mi primo. Aunque debo decir que aparte de publicar aquí lo que pienso,siento y recuerdo no tengo nada más productivo que hacer más que jugar Assassin's Creed,Fifa 10 o estar navegando por la red. ¡Ah! y también estudiar e ir a clases.
Ahora que lo veo soy una persona bastante ocupada (n_n).
Al grano. A mi primer amor lo conocí digamos "bien" desde que tenía 4 años. Recuerdo que era negra y no medía más de 40 cm de altura, o sea que casi éramos del mismo vuelo. Sagradamente la veía todas las tardes después de regresar del jardín (que luego se volvió colegio y hasta universidad). Almorzaba a veces primero y otras no resistía la tentación de verla tanto que cogía mi plato, los tenedores y mi fiel escudera la mayonesa y me dirigía al tropel a su encuentro y con mis manitos recorría sus contornos angulosos hasta hallar lo que más deseaba tocar después de un largo trajín educativo, aquella hermosa protuberancia en cuya parte superior se leía "POWER".
Si no se dieron cuenta me estoy refiriendo a la tele de mi casa. O con respeto La Tele. Así es. Tele me acompañó desde esas ya casi olvidadas épocas donde no sabía que la tristeza era algo más que un apagón, que era para mí como la regla de La Tele, se enojaba conmigo y se negaba a hablarme. Durante años La Tele me enseñó desde manualidades con Noppo y Gonta hasta la más sangrienta violencia de Dragon Ball. Me hizo reír como desquiciado con los Looney Toons y Garfield como también me hizo llorar como el crío que era con Candy (sí, lo confieso, veía Candy) y hasta con el final de Dragon Ball (porque cuando terminó lloré a mares). Tele también me hizo enojar (como en cualquier relación) mostrándome su más horrible rostro con Laura (Bozzo), los Teletubbies (¡ptuaj!) y cuando Locomotion dejó de salir al aire (Dios, devuélvenos Locomotion y te damos Animax).
Tele formó mi intelectoy mi sarcasmo (gracias a los programas de la NHK y Pataclaun respectivamente). Tele me moldeó para ser el otaku que soy en la actualidad (Evangelion, Saber Marionette, Saint Seiya, Digimon, Pokémon y un laaaaargo etcétera). Tele me dio consejos que siguen en pie en mí y que seguí cual código de honor (aunque ya fallé a algunos): "Yo se cuidar mi cuerpo","A la droga dile no", "Gota a gota el agua se agota","No comas muchame que es delfín".
Me acompañó incluso cuando todos nos mudamos a Trujillo y no tenía amigos. Tele me contaba historias fascinantes con su Narrador de Cuentos y me daba clases de cultura general con sus concursos, cuyas respuestas memorizaba y aprendía, y si no las comprendía me iba corriendo al diccionario o en su defecto al siguiente ser más sabio en la lista, mi padre.
Siempre fuimos una familia de 5: mis dos padres, mi hermano menor, Tele y yo.
Los tres últimos hacíamos un trío consentido. Nuestras relaciones duraban desde las 3 pm hasta las 9 ó 10 pm, o sea de 6 a 7 horas de placer audiovisual compartido ininterrumpido de lunes a viernes salvo por algún partido de fútbol, mensaje presidencial, o apagón. Los sábados y domingos no abusábamos tanto de ella (aunque dudo que tele se haya sentido abusada alguna vez) debido a que no nos mostraba lo que nos mostraba de lunes a viernes, aunque Chespirito era imperdible para toda mi familia, lo mismo que Pataclaun.
Tele también tenía sus "días". Durante semana santa ni mi hermano ni yo la tocábamos, ni la mirábamos. No nos gustaba cuando lo único que mostraba era al mismo tipo flaco de todos los años pasar por la misma historia de quedar clavado entre palos para luego reaparecer vivito y coleando 3 días después.
Vaya recuerdos que me dejó Tele, felices casi todos. Hubieron cosas que sería bueno olvidar pero al fin y al cabo dudo que Tele las vuelva a mostrar.
Tele ha cambiado con el tiempo y yo con ella. Aparte que desde que casi se muere en el 2008 y que tuvieron que someterla a una intervención quirúrgica que me dejó sin su presencia durante 2 días (ahí me dí cuenta lo aburrida que es mi familia), seguimos teniendo la misma chispa aunque ahora disfrutamos de cosas distintas pero similares a las de antaño. Los Simpson de antes son distintos a los de ahora pero se mantienen igual de graciosos. Ahora veo las noticias que antes no veía porque me parecían aburridas. El Doctor House ahora es mi mentor, Dexter me da los pasos que debo seguir cuando recorra la senda del asesinato (O_O) y los Cazadores de mitos me demuestran que siempre hay algo nuevo bajo el sol.
Debo decir que Tele y yo hasta ahora seguimos juntos, pero no tanto como antes. Yo ahora salgo con otra, Monitor/TV "Moni" que me muestra tanto lo novedoso como lo antiguo gracias al cable y al internet. Tele ahora me satisface cuando Moni tiene que atender a otros como mi hermano o mi padre, sin embargo ni Tele ni Moni son perras. Las dos son señoritas decentes que están dispuestas siempre a acompañarme y salvarme de la depresión impidiéndome pensar en otra cosa que no sea en ellas.
Gracias a ambas, a Moni por ser mi fiel amiga de juego, trabajo y porqué no decirlo mi confidente de fantasías sexuales; y a Tele, por ser mi primer amor y la que me hizo (y mehace) tal como soy, por mostrame lo que mis padres no podían (o no querían) mostrarme y por todos estos años de relación que, yo creo, continuarán por mucho, mucho tiempo más. Porque pienso llevarla a mi depa cuando me largue de la casa de mis padres.
Te amo Tele.
PS: Luego pensaremos en el HD, de momento vamos a ver Los Simpson juntos ¿sí?
Aquí está la primera parte de un episodio de Noppo y Gonta, si quieren la segunda búsquenla en Youtube
Un quickie de Garfield
El mejor momento del mejor programa de la historia (y eso que Gokú no me cae para nada)
La mejor serie creada en el Perú con una versión mejor que la de Marcelo Mota
Y el gran Wakkorotti
Ahora que lo veo soy una persona bastante ocupada (n_n).
Al grano. A mi primer amor lo conocí digamos "bien" desde que tenía 4 años. Recuerdo que era negra y no medía más de 40 cm de altura, o sea que casi éramos del mismo vuelo. Sagradamente la veía todas las tardes después de regresar del jardín (que luego se volvió colegio y hasta universidad). Almorzaba a veces primero y otras no resistía la tentación de verla tanto que cogía mi plato, los tenedores y mi fiel escudera la mayonesa y me dirigía al tropel a su encuentro y con mis manitos recorría sus contornos angulosos hasta hallar lo que más deseaba tocar después de un largo trajín educativo, aquella hermosa protuberancia en cuya parte superior se leía "POWER".
Si no se dieron cuenta me estoy refiriendo a la tele de mi casa. O con respeto La Tele. Así es. Tele me acompañó desde esas ya casi olvidadas épocas donde no sabía que la tristeza era algo más que un apagón, que era para mí como la regla de La Tele, se enojaba conmigo y se negaba a hablarme. Durante años La Tele me enseñó desde manualidades con Noppo y Gonta hasta la más sangrienta violencia de Dragon Ball. Me hizo reír como desquiciado con los Looney Toons y Garfield como también me hizo llorar como el crío que era con Candy (sí, lo confieso, veía Candy) y hasta con el final de Dragon Ball (porque cuando terminó lloré a mares). Tele también me hizo enojar (como en cualquier relación) mostrándome su más horrible rostro con Laura (Bozzo), los Teletubbies (¡ptuaj!) y cuando Locomotion dejó de salir al aire (Dios, devuélvenos Locomotion y te damos Animax).
Tele formó mi intelectoy mi sarcasmo (gracias a los programas de la NHK y Pataclaun respectivamente). Tele me moldeó para ser el otaku que soy en la actualidad (Evangelion, Saber Marionette, Saint Seiya, Digimon, Pokémon y un laaaaargo etcétera). Tele me dio consejos que siguen en pie en mí y que seguí cual código de honor (aunque ya fallé a algunos): "Yo se cuidar mi cuerpo","A la droga dile no", "Gota a gota el agua se agota","No comas muchame que es delfín".
Me acompañó incluso cuando todos nos mudamos a Trujillo y no tenía amigos. Tele me contaba historias fascinantes con su Narrador de Cuentos y me daba clases de cultura general con sus concursos, cuyas respuestas memorizaba y aprendía, y si no las comprendía me iba corriendo al diccionario o en su defecto al siguiente ser más sabio en la lista, mi padre.
Siempre fuimos una familia de 5: mis dos padres, mi hermano menor, Tele y yo.
Los tres últimos hacíamos un trío consentido. Nuestras relaciones duraban desde las 3 pm hasta las 9 ó 10 pm, o sea de 6 a 7 horas de placer audiovisual compartido ininterrumpido de lunes a viernes salvo por algún partido de fútbol, mensaje presidencial, o apagón. Los sábados y domingos no abusábamos tanto de ella (aunque dudo que tele se haya sentido abusada alguna vez) debido a que no nos mostraba lo que nos mostraba de lunes a viernes, aunque Chespirito era imperdible para toda mi familia, lo mismo que Pataclaun.
Tele también tenía sus "días". Durante semana santa ni mi hermano ni yo la tocábamos, ni la mirábamos. No nos gustaba cuando lo único que mostraba era al mismo tipo flaco de todos los años pasar por la misma historia de quedar clavado entre palos para luego reaparecer vivito y coleando 3 días después.
Vaya recuerdos que me dejó Tele, felices casi todos. Hubieron cosas que sería bueno olvidar pero al fin y al cabo dudo que Tele las vuelva a mostrar.
Tele ha cambiado con el tiempo y yo con ella. Aparte que desde que casi se muere en el 2008 y que tuvieron que someterla a una intervención quirúrgica que me dejó sin su presencia durante 2 días (ahí me dí cuenta lo aburrida que es mi familia), seguimos teniendo la misma chispa aunque ahora disfrutamos de cosas distintas pero similares a las de antaño. Los Simpson de antes son distintos a los de ahora pero se mantienen igual de graciosos. Ahora veo las noticias que antes no veía porque me parecían aburridas. El Doctor House ahora es mi mentor, Dexter me da los pasos que debo seguir cuando recorra la senda del asesinato (O_O) y los Cazadores de mitos me demuestran que siempre hay algo nuevo bajo el sol.
Debo decir que Tele y yo hasta ahora seguimos juntos, pero no tanto como antes. Yo ahora salgo con otra, Monitor/TV "Moni" que me muestra tanto lo novedoso como lo antiguo gracias al cable y al internet. Tele ahora me satisface cuando Moni tiene que atender a otros como mi hermano o mi padre, sin embargo ni Tele ni Moni son perras. Las dos son señoritas decentes que están dispuestas siempre a acompañarme y salvarme de la depresión impidiéndome pensar en otra cosa que no sea en ellas.
Gracias a ambas, a Moni por ser mi fiel amiga de juego, trabajo y porqué no decirlo mi confidente de fantasías sexuales; y a Tele, por ser mi primer amor y la que me hizo (y mehace) tal como soy, por mostrame lo que mis padres no podían (o no querían) mostrarme y por todos estos años de relación que, yo creo, continuarán por mucho, mucho tiempo más. Porque pienso llevarla a mi depa cuando me largue de la casa de mis padres.
Te amo Tele.
PS: Luego pensaremos en el HD, de momento vamos a ver Los Simpson juntos ¿sí?
Aquí está la primera parte de un episodio de Noppo y Gonta, si quieren la segunda búsquenla en Youtube
Un quickie de Garfield
El mejor momento del mejor programa de la historia (y eso que Gokú no me cae para nada)
La mejor serie creada en el Perú con una versión mejor que la de Marcelo Mota
Y el gran Wakkorotti
viernes, 4 de junio de 2010
Analizando el malsano placer
Bueno, es tiempo de la incómoda presentación. Mi nombre real es Ayrton Frank Pilares Delgado. Nací (no tengo muchos motivos para estar feliz por ello) el 12 de octubre (nacer en una fecha significativa es un motivo para estar feliz) de 1989 (pocos días antes de la caida del famoso muro, me gusta creer que se cayó para evitarme la molestia de tener que aprenderme los nombres de 2 Alemanias distintas con capitales distintas, ciudades distintas, monedas distintas... ¡báh!). Saquen la cuenta de cuántos años tengo. Al momento de escribir estas líneas tenía 20 abriles (mas bien octubres) que se hacen notar en mi cuerpo y mi mente. Seguro dirán "20 años, vaya mocoso que no sabe lo que es la vida". Bueno, los que lo hayan pensado es porque o su vida se fregó mucho después o porque a su corta o larga edad todavía no han experimentado lo que es ver su propia vida como un pesado costal cuya carga aumenta día a día, recuerdo por recuerdo. Es decir son felices. Bastardos, cómo los odio (o más bien envidio).
Pero vamos por partes, primero que nada empecé este blog con la esperanza de encontrar un método de desfogue emocional que no siento al decirle mis experiencias (tristes) a otra persona de forma oral. Siempre que les cuento mis dolores emocionales (que no son muchas las veces) a mis amigos (que no son muchos también) encuentro un calmante de corta duración en sus palabras, me hacen feliz cuando me reconfortan pero al poco rato, cuando dejamos de hablar o cuando vuelvo a quedarme solo siento que sus palabras no fueron más que una aspirina que me alivió de forma temporal el dolor de cabeza. No me gusta aburrir o molestar a otros, por eso no les pido a mis amigos que me den su apoyo constantemente o que vengan a buscarme cuando tengo el cuerpo al borde de la ventana. No piensen que soy un suicida frustrado, que cada vez que intenta quitarse la vida y falla se deprime más y entra en un círculo vicioso. Yo simplemente me acobardo ante la idea de morir.
La segunda razón de crear un blog propio fue hacer salir los recuerdos y experiencias que viví a lo largo de mi vida, aunque corta, yo la considero interesante (pero no se la deseo a nadie, vea pero no toque). Los recuerdos que tenemos hacen de nosotros lo que somos, dicho de otra manera somos lo que fuimos. Recordar es esa capacidad de la memoria que nos permite traer al presente lo que ya experimentamos en el pasado. Esa capacidad permitió al ser humano convertirse en especie dominante y no en animales comunes que más que recordar aprenden o por instinto o por condicionamiento. Los recuerdos nos pueden hacer añorar el pasado o aborrecerlo, en todo caso siempre conlleva sentimientos que no hacen más que irrumpir en nuestro presente haciéndonos perder el camino recto por el que íbamos para tomar una curva en "U". No confundan el recuerdo propiamente dicho con el aprendizaje, que también son recuerdos, pero no conllevan carga emocional alguna, aunque habrá quien diga que se puede aprender de las experiencias pasadas de uno mismo o de otras personas. Cierto, pero lo que se aprende se utiliza en el momento, mientras que el recuerdo permanece alterando nuestro estado y haciéndonos recordar cómo se sintió cuando a la señora Pérez la atropelló una combi mientras aprendíamos que los puentes peatonales estan para evitar esas situaciones.
Sin embargo recordar es una espada de dos filos por un lado nos puede gustar el recuerdo del sabor del pastel selva negra de la abuela Rita, pero por otro nos duele el hecho de que la abuela Rita murió el año pasado. Es decir dualismo completo. Por eso lo de "placer malsano" los recuerdos nos transportan a las épocas de chiquititud cuando todo era más fácil y mamá tendía la cama por tí y te daba sopita de pollo cuando te resfriabas. Sin embargo, cuando vuelves al presente te das cuenta que ese tiempo ya se fue y que vives en un departamento de 2x2 sin una frazada para calentar tu cuerpo dañado por la tuberculosis.
Puedo concluir diciendo que lo triste o lo bueno de los recuerdos ocurre cuando los contrastas con el presente. El pasado puede ser mejor que el presente o viceversa. No es lo mismo que ocurre cuando comparas la fantasía con la realidad. La fantasía SIEMPRE gana.
El poder del recuerdo de traer felicidad o tristeza pero siempre ocasionar desequilibrio en el presente es lo que lo hace un placer malsano. Es como la droga, estimulante o depresiva, pero casi siempre adictiva. Y digo casi porque hay algunos que no sucumben ante los recuerdos. Conozco uno o dos casos. Los odio por tener superpoderes.
Bueno, poco a poco ahora les iré desvelando esos diversos matices que hacen de los recuerdos la fuerza que son. Dejen nomás que el tiempo fluya y mis dedos descansen.
En fin, luego de esta letrerosa introducción debo decir que ahora me siento más calmado que cuando estaba escribiendo el principio de este blog. Para quienes lo lean, sepan que aquí contaré todo lo que por la boca no puedo decir y que si leen las posteriores actualizaciones se darán cuenta de que están leyendo sobre la vida de un selfish motherfucker con el ego más alto que un salto de Superman, más vago que congresista y una mente más rápida que paja de adolescente.
Ven, ya empezó el narcisismo. ¡Bien!
Pero vamos por partes, primero que nada empecé este blog con la esperanza de encontrar un método de desfogue emocional que no siento al decirle mis experiencias (tristes) a otra persona de forma oral. Siempre que les cuento mis dolores emocionales (que no son muchas las veces) a mis amigos (que no son muchos también) encuentro un calmante de corta duración en sus palabras, me hacen feliz cuando me reconfortan pero al poco rato, cuando dejamos de hablar o cuando vuelvo a quedarme solo siento que sus palabras no fueron más que una aspirina que me alivió de forma temporal el dolor de cabeza. No me gusta aburrir o molestar a otros, por eso no les pido a mis amigos que me den su apoyo constantemente o que vengan a buscarme cuando tengo el cuerpo al borde de la ventana. No piensen que soy un suicida frustrado, que cada vez que intenta quitarse la vida y falla se deprime más y entra en un círculo vicioso. Yo simplemente me acobardo ante la idea de morir.
La segunda razón de crear un blog propio fue hacer salir los recuerdos y experiencias que viví a lo largo de mi vida, aunque corta, yo la considero interesante (pero no se la deseo a nadie, vea pero no toque). Los recuerdos que tenemos hacen de nosotros lo que somos, dicho de otra manera somos lo que fuimos. Recordar es esa capacidad de la memoria que nos permite traer al presente lo que ya experimentamos en el pasado. Esa capacidad permitió al ser humano convertirse en especie dominante y no en animales comunes que más que recordar aprenden o por instinto o por condicionamiento. Los recuerdos nos pueden hacer añorar el pasado o aborrecerlo, en todo caso siempre conlleva sentimientos que no hacen más que irrumpir en nuestro presente haciéndonos perder el camino recto por el que íbamos para tomar una curva en "U". No confundan el recuerdo propiamente dicho con el aprendizaje, que también son recuerdos, pero no conllevan carga emocional alguna, aunque habrá quien diga que se puede aprender de las experiencias pasadas de uno mismo o de otras personas. Cierto, pero lo que se aprende se utiliza en el momento, mientras que el recuerdo permanece alterando nuestro estado y haciéndonos recordar cómo se sintió cuando a la señora Pérez la atropelló una combi mientras aprendíamos que los puentes peatonales estan para evitar esas situaciones.
Sin embargo recordar es una espada de dos filos por un lado nos puede gustar el recuerdo del sabor del pastel selva negra de la abuela Rita, pero por otro nos duele el hecho de que la abuela Rita murió el año pasado. Es decir dualismo completo. Por eso lo de "placer malsano" los recuerdos nos transportan a las épocas de chiquititud cuando todo era más fácil y mamá tendía la cama por tí y te daba sopita de pollo cuando te resfriabas. Sin embargo, cuando vuelves al presente te das cuenta que ese tiempo ya se fue y que vives en un departamento de 2x2 sin una frazada para calentar tu cuerpo dañado por la tuberculosis.
Puedo concluir diciendo que lo triste o lo bueno de los recuerdos ocurre cuando los contrastas con el presente. El pasado puede ser mejor que el presente o viceversa. No es lo mismo que ocurre cuando comparas la fantasía con la realidad. La fantasía SIEMPRE gana.
El poder del recuerdo de traer felicidad o tristeza pero siempre ocasionar desequilibrio en el presente es lo que lo hace un placer malsano. Es como la droga, estimulante o depresiva, pero casi siempre adictiva. Y digo casi porque hay algunos que no sucumben ante los recuerdos. Conozco uno o dos casos. Los odio por tener superpoderes.
Bueno, poco a poco ahora les iré desvelando esos diversos matices que hacen de los recuerdos la fuerza que son. Dejen nomás que el tiempo fluya y mis dedos descansen.
En fin, luego de esta letrerosa introducción debo decir que ahora me siento más calmado que cuando estaba escribiendo el principio de este blog. Para quienes lo lean, sepan que aquí contaré todo lo que por la boca no puedo decir y que si leen las posteriores actualizaciones se darán cuenta de que están leyendo sobre la vida de un selfish motherfucker con el ego más alto que un salto de Superman, más vago que congresista y una mente más rápida que paja de adolescente.
Ven, ya empezó el narcisismo. ¡Bien!
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