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viernes, 11 de junio de 2010

Tiempos aquellos...

Hace tiempo que quería escribir de mi colegio. De hecho de momento sólo quiero escribir de las cosas que pasé en mi (bueno, en realidad "mis")colegio (plural, "colegios") de secundaria, ya que ese fue el lugar que me marcó y que de alguna forma me dio la pauta para ser tal como soy ahora (no matriculen a sus hijos en mi colegio n_n).

Empecemos pues. Mi colegio era una mierda... Pausa. Haré una confesión. Estuve en dos colegios para secundaria. Uno de ellos es el San José Obrero de Cusco, que es en el cual me voy a enfocar, y el otro es el Colegio Romeritos, colegio nacional. Ahí estudié primer año de secundaria, pero no estoy para nada orgulloso de haber estudiado bajo la guía gubernamental. Es más es algo que no me gusta mencionar porque me da roche. "Puto acomplejado" dirán. Pues sí, soy un acomplejado (y capitalista). Por lo general suelo mentir (¿y la novedad es...?)acerca de esto. Digo que primero de secundaria la estudié en La Salle (ex colegio ficho) o de frente digo que toda mi secundaria estudié en San José Obrero (que nunca fue ficho y nunca lo será). ¿Cómo fue que Ayrton Pilares Platudini tuvo que estudiar bajo el pútrido sistema nacional de educación? Pues fue porque poco tiempo de que mi familia regresara al Cusco después de vivir en Trujillo 5 años en enero de 2002 tuvimos que visitar a todos nuestros familiares endémicos (y a los que estaban de pasada). Eso incluía ir a Quillabamba, que queda en una provincia a 12 horas de Cusco. ¡Por mi baraja de cartas de Yugioh! que odio ese lugar! No me gustan ni el calor ni la humedad ni los mosquitos. Pero esas plagas no era nada comparadas con el más inimaginable castigo. ¡NO HABÍA TELE! (grito desgarrador). Será el lugar de nacimiento de mi padre y donde vivan muchos de mis familiares paternos pero ahí nomás. Aparte que tuve que permanecer ahí por tres semanas (el plan inicial era quedarse una semana, que hubiera sido pasable, pero mi padre no se movía de su terruño)con unos tíos (más bien primos) que ya me tenían hasta los eggs de harto. Especialmente mi primo (más bien sobrino). La cosa es que cuando por fin volvimos a la civilización las matrículas de todos los colegios ,digamos "decentes" estaban ya agotadas. Como necesitaba educación mi padre usó su última carta ( y creo que siempre lamentó haberla usado). Meternos a colegio nacional a mi hermano y a mí (otro grito desgarrador). 9 meses de tortura en un colegio donde las cáscaras de mandarina eran mayoría (y eso que había 40 alumnos por clase y que existían cáscaras de otras frutas y envoltorios que también eran una cantidad respetable). En fin, de esto no es lo que quería hablar (escribir). Voy a hablar (escribir) acerca del colegio donde estudié los otros 4 años de secundaria. El San José obrero (SJO). Ahora sí, quito la pausa y continuemos (sonido de rebobinación).

¿En qué dejamos la acción? Ah si. Mi colegio era una mierda. Pausa. Sólo para aclararar SJO = mierda, Romeritos = MIERDA. No confundir (sonido de rebobinación). Otras personas, que creo que son casi todas están orgullosas de su colegio, no dudan en ir a las fiestas de reencuentro, ir a alentar a su cole en el campeonato de fulbito, ponerse su casaca de promo en todo momento (espera, eso es huachafo), en fin, todo tipo de cosas para mostrar que son orgullosos egresados de una entidad escolar X. Pero con mi colegio ocurre lo contrario. Es el único colegio que conozco cuyos alumnos odian a su alma máter. No soy el único de mi cole que habla sapos y ranas de su casa de estudios secundarios. Pregúntenle a cualquier desafortunado que haya estudiado en mi colegio, y les dirá lo mismo que yo.

¿Por qué el odio de este chico? La respuesta es muy simple: fanatismo religioso. "Mi colegio también era de monjas fregadas y por eso no lo odio, estás exagerando" dirán ustedes. ¡Ja, ja, ja! Si fuera de monjas comunes estaría bien. Pero parece que los "hermanos" y curas que regían mi colegio con mano de hierro se quedaron en la época de la inquisición (no me hubiera sorpendido ver un cilicio bajo las sotanas de los sacerdotes), sé los digo yo que tuve que pasarme rezando las últimas 4 estaciones del vía crucis arrodillado en chapas de botella.

Aparte de la mortificación de la carne como medio para alcanzar la gloria de Dios, en mi colegio había la obligadción de rezar antes de cada clase. Lo peor que todos los profesores tenían que hacer rezar, sino patitas a la calle. La hora que más se detestaba no era Matemática, Química o Física sino la que constaba de 4 letras en el horario: MISA. Así es, era obligatoria y contaba como un curso. Eran torturas de 1 hora (2 en el peor de los casos) al menos para los infieles descarriados como yo (y como la mayoría de gente de ese colegio). Esa misa te jodía el almuerzo pues a veces duraba tanto que ya ni para comer quedaba tiempo. Después de la misa (que era los miércoles a las 12:00 cuando estudiaba) tenía que volver al colegio para continuar con la sapiencia que se extendia a veces hasta las 16:00 O_O. Pobrecitos los que no podían comprarse su huevo con arroz en el mercado de al lado, si pues mi colegio quedaba al lado de un mercado y frente al cuartel del ejército. Era una puna en medio de la nada con vista a la nada (exagero, estaba en medio de un pueblo joven).

Y los profesores pucha, que había de todo tipo: los capos, los idiotas, los fanáticos, los que sólo querían que les paguen, los que no duraban más de un año, los eternos; bueno como cualquier otro colegio, pero en todo caso era divertido verlos aguantarse toda la mierda religiosa con tal de llevar un plato de frejoles a la mesa de su familia, aunque hubo unos que no aguantaron y se fueron con roche y otros que, como eran lamebotas de los curas se la llevaban fácil y hacían la finta de que sabían enseñar.

La cosa es que yo siempre quería hacerle un atentado terrorista a mi colegio como arrojar una molotov a la caseta del vigilante o juntar a la mancha para hacer destrozos tipo el video "the wall" de Pink Floyd(ideas no me faltaron, me faltaron huevos). Odiaba todo de mi colegio, me jodía el profe de religión, la única cancha de cemento donde se jugaban 3 partidos a la vez entre 20 por cada equipo, el ruido del taller de estructuras metálicas, la sirena de bombero que anunciaba el cambio de hora, y especialmente los cursos por la hueva. Hubiera salido temprano de mi colegio como cualquier estudiante normal a las 2:30 o 3:00,¡pero no! Tenía que llevar una huevada que se justificaba por ser supuestamente "educación para el trabajo" y que era desde las 14:05 hasta las 15:45 (a veces más). Que buena educación para el trabajo recibí aprendiendo con una Lentium II con Windows 98 y sólo con entrada de disquette (los cuales cuidaba como oro porque si les pasaba cualquier cosa se fregaba todo el trabajo del año). Pero lo peor no era eso el curso más detestable no era ni Religión (que aprobaba con 11 por mis ideas radicales y por negarme a escribir el evangelio del domingo) ni Historia de la Iglesia (la historia me gusta, por lo que aprobaba, pero no me gustaba que dijeran que la Iglesia justificaba sus actos porque estaban bajo la bendición de Dios).

La peor cagada (que buena descripción) era Dibujo Técnico. ¿Qué es esto? Bueno es el conocido dibujo industrial que manejan los arquitectos e ingenieros para hacer planos, maquetas, piezas metálicas,etc. ¡BULLSHIT! Por esa huevada (puta cómo la odiaba)casi repito 5º grado. Es que jalar un curso era sinónimo de repetir de año. Dos o más era expulsión por incapacidad académica. Detesto tener que ser detallista en algo que no me gusta. De nada me sirvió quedarme hasta altas horas de la noche haciendo mis proyecciones y óvalos (distinto de ovoide) para que al día siguiente el profesor me dijera: "Está mal señor, tiene que hacerlo mejor para la próxima. De momento tiene 10 mientras no lo corrija". ¡Y lo correjía! Volvía a hacer de nuevo toda la cosa me fijaba en cada detalle, ¿para qué? Para que el resultado fuera el mismo o subiera un puntito (¡y eso!). Cansado de esa shit dejé de esforzarme en 5º grado, por eso casi repito (aunque por cosas que diré más abajo, hubiera sido lo mejor). Nunca fui bueno dibujando.

Enumerar las todas las cosas abominables de mi ex colegio sería como volver a escribir la biblia (la cual me sé casi de memoria). Por suerte las cosas rescatables de mi colegio son pocas y fáciles de relatar.

Primero que nada: mis amigos. Conocí gente de todo tipo, condición económica, raza, tamaño; en fin, en mi colegio (que no era para nada caro, otro punto bueno, al menos durante mi estadía) aprendí a fraternizar con otras personas, rompí mi cascarón de chico solitario y me volví más extrovertido. Tanto a mis amigos como a mí nos sorprendió el cambio radical y doy fe de eso. Comprendí gracias a mis amigos el valor de un abrazo de felicitación, el dolor por la partida de un ser querido,a no avergonzarme de mis raíces, a no rendirme si las cosas no salen como quería, a cuidar la plata, a querer a mi familia, a ser solidario, a fumar, etc. Cosas que estoy olvidando poco a poco o que ya olvidé. Gracias a mis patas de cole por estar ahí conmigo en las buenas, las graciosas y las malas (ya les dedícaré una entrada).

Segundo. La educación. Cuesta reconocerlo de mi parte, pero si mi ex cole es prestigioso por algo es por su alto nivel de exigencia y la calidad de educación que brinda. Sufrí de desgaste mental las primeras semanas a las que asistí. Lloré delante de un profesor porque creí que el esfuerzo era demasiado para mi cerebro. Le puse empeño y logré destacar. Quizás nunca estuve en el ranking de los tres mejores, pero definitivamente estaba en el top 10. Y a los primeros mis respetos, porque si estaban ahí es porque superaron es enfermedad que aún me acosa: flojitis (¿o quizás porque sí hacían educación física o copiaban el evangelio aparte de ser chocheras de los curas? Nunca lo sabré).

Tecero. Allí fue donde me enamoré por primera vez (hablo de un ser humano esta vez). Aquí la cosa es algo dicotómica. Por un lado sufrí, lloré, me deprimí e intenté suicidarme por el amor no correspondido. Por otro sentí que mi vida tenía objeto de ser, pensé en mi futuro, obtuve motivación para ir al colegio, descubrí la felicidad que se siente cuando la persona que quieres pasa a tu lado, sentí el roche que hacen los compañeros cuando te molestan con la persona que te gusta. Esto último me alegraba más que molestarme (aunque a veces se excedían).


No sé si lo mencioné. Pero mi colegio era sólo de varones (O_O). Tampoco sé si mencioné que soy gay (!). Bueno ahora lo saben. A mi colegio le agredezco eso. Haberme podido mostrar, a mí, un adolescente huraño y materialista empeñado en vivir sólo y recluido podría llegar a sentir eso que los humanos llaman "amor". Sentir que se puede vivir por alguien. Y es que hasta las bestias más horribles se enamoran, como diría la mamá del profesor Crocker.

Una cosa es segura. Cuando un chico termina de estudiar en mi colegio tiene dos opciones: una es volverse ateo, y la otra es volverse cabro. La experiencia confirma esta premisa. Yo tuve que salir con doble premio.

Él (cuyo nombre no revelaré de momento) iba a un grado menos que yo. Por eso digo que repetir 5º grado hubiera sido como la consagración. Todas las mañanas nos formábamos y mientras el profesor encargado rezaba o daba indicaciones yo lo veía formado con los otros chicos de su grado. Y mi mundo se hacía hermoso. No sólo lo veía al empezar las clases. Lo veía siempre que podía. Era lo que más me gustaba del colegio y sin duda lo que día tras día me motivaba a seguir estudiando en ese claustro.

Lo que me duele es que nunca pasó nada entre mi primer amor y yo. Es más, él desarrolló animadversión hacia mí. Cosa rara porque en mi colegio todos los alumnos me querían (no de la forma que hubiera preferido) y los profesores me respetaban (por ser buen educando y por ser perrito fiel de los profesores viles y pataza de los profesores que en verdad eran docentes, o sea los capos).

Me duelen los dedos de tanto escribir. Pero mi mente no se cansa de recordarme cada cosa, cada momento de mi colegio. De momento debo decirle basta. Con recordar a mi primer amor ya fue demasiado. Me prometo escribir acerca de él y de todas las cosas que viví en mi colegio, de mierda. pero mi colegio al fin y al cabo.

Corrección, ex colegio. Demonios, no han pasado más de 4 años y ya lo extraño. Cambiaría todo por volver a mi cole, volver a ver a mis patas, a los profes capos y a mi amor de colegio. Eso sí, obviando los cursos, la religión, los profes inútiles, la sirena, el pan con mate,...

¡Ahhhh! Tiempos aquellos.

miércoles, 9 de junio de 2010

Y hablando de fútbol...

Siempre detesté los deportes, en especial el fútbol, sin embargo voy a hacer lo posible por no perderme ni un sólo partido del mundial, como tengo clases en las mañanas voy a tener que obviar algunos. Eso sí, para los partidos de Brasil me quedo en mi casa así haya examen parcial, oral,recuperación o cualquier otra superfluosidad.

Pero ¿no había dicho qué no me gustan los deportes? Bueno soy un idiota que se contradice a sí mismo. Voy a ordenar las ideas. En palabras simples, me gusta ver deporte. Practicarlo es otra cosa. Sé mucho sobre estadísticas, historia de mundiales, jugadores, clubes, trofeos, goles, contrataciones; en fin, como cualquier nerd. Por otro lado no puedo hacer más de tres dominaditas y cuando corro tras el balón termino en el suelo porque lo pisé (¿a quién no le ha pasado? bueno a mi me pasa siempre).

Haré una retrospectiva, de las tantas que me gusta hacer para sufrir un poquito y para recordar el porqué de mi aversión al rey de los deportes.

Mi trauma comenzó en la infacia (como cualquier otro trauma).Yo era uno de los otros tantos niós influenciado por los Supercampeones y que soñaba algún día llegar a ser tan bueno como Benji, Tom o particularmente Andy Johnson (el mejor futbolista de la serie).Oliver no me gustaba para nada, me parecía un maldito freak del deporte sin neurona alguna y su filosofía de "el balón es tu amigo" es tan estúpida y falsa como la promesa de que Perú va a jugar un mundial. La cosa era que no me importaba joderme las rodillas o rasparme la piel de las manos cuando me caía. Yo creí en Oliver. Error.

Parecerá poco creible para los que me conocen pero en inicial y en primaria era un capísimo (bueno no tanto, digamos sólo un capo). De medio de la cancha para atrás era el amo y señor. Hasta de arquero la rompía. No jugaba de delantero porque todo el mundo quiere marcar goles, todos quieren hacerse famosos y gritar ¡gol! Pero a mí no me gustaba eso. El ser delantero era (y es)una afición muy prostituida entre mis compañeros de colegio (y porque no decirlo, del Perú). Podía desempeñarme bien adelante pero no quería asemejarme al vulgo así que me quedaba en la retaguardia. Y eso que fue difícil mostrar mis aptitudes futbolísticas (chico con lentes = mal deportista, cuán cierta es esta proposición, aunque en esa época me propuse romper la regla). Bueno, la cosa ocurrió en 4º grado de primaria. Jugaba yo de arquero y el equipo de mi clase jugaba contra los de 3º. Un chibolo del equipo contrario pilla a la defensa desprevenida y hace tremendo pase al hueco a otro que estaba evidentemente en off-side (de niño nadie juega con esa regla). Me adelanto entonces para coger el balón y hago la tapada "divina" de Hugo Gatti (arquero del Boca famoso por su extravagancia fuera de las canchas y dentro de ellas, comparto cosas con él, en espcial el hecho de haber sido ambos "arqueros-jugadores"). La cosa es que la tapada de Dios falló O_O. No sé como esa pelota da un rebote en el piso y se eleva sobre mí, que estaba arrodillado para emular la técnica de Gatti. La pelota se queda entonces sobre mí girando sobre mi cabeza. Estiré mis brazos lo más que pude, mis uñas casi la rozaban pero lo logré alcanzarla. Yo podría jurar que la puta pelota se quedó flotando fuera del alcance de mis brazos y girando por unos segundos con actitud pendeja cómo si me dijera "A que no me cojes imbécil. Aquí te jodes para siempre" mientras hacía intentos desesperados por coger la redonda.

No recuerdo cuanto estaba el marcador, ni cuanto quedó el partido. Pero ese error, esa diferencia de milímetros (qué milímetros, ¡micras!) entre mis uñas y el material de la bola (del que están hechas las bolas de yaxes para que haya tenido tal efecto) me valió la furia, desprecio, y odio de mis compañeritos. Me pusieron apodos de todo tipo. "Gato, anda juega con tu madeja" y me tiraban una pelota. "No, un gato coge la madeja". "No querías coger la bola para no arruinarte las uñas ¿verdad?". "El Ayrton es como el ascensor del Botija" "¡¿Por qué?!" "Porque no se despega del suelo".

Seguro dirán "¡Báh!¡Tonterías!Los niños son muy crueles pero no te lo debiste tomar en serio". Pues bien los niños pueden ser MUY crueles y que lo que decían de mí, lo que me molestaban me resbalaba. Pero surgieron ciertas cosas que acrecentaron mis dudas sobre mis capacidades y que incrementaron las burlas de mis amigos (con amigos así quien quiere enemigos). Primero mis pies comenzaron a evitar toda las pelotas involuntariamente. Las bolas iban por un lado y mis pies por otro, como si fueran polos iguales de dos imanes. Ya también los polos diferentes eran las pelotas y mi cara que se convirtió en el tercer palo vertical del arco al cual era más fácil atinarle que hacer hacer un gol en un arco de 3 metros."El balón es tu amigo". Púdrete Oliver.

Me terminé cansando del dolor, la sangre y la humillación que causaban las pelotas en mi cara. El fútbol y yo rompimos relaciones formales desde que entré a secundaria. Sin embargo allí también tuve que jugar ya que sino el profe me reprobaba en educación física. "Nadie jala en educación física", dirán ustedes. Pues bien yo sí jalé. Y dos veces con 10.

Muchas veces traté de reconciliarme con el balompié, pero no sé que me pasa. Vuelve el terror a la humillación, recuerdo el dolor de la pelota cuando da en la cara o el ahogamiento que se produce cuando da en el estómago. Me preocupa tanto equivocarme que termino equivocándome. Es algo que no he podido superar y que no me preocupo por superar, para mí el fútbol ya fue.

Ahora estoy del lado de los que nunca aprendieron a jugar fútbol en su vida o que al igual que yo terminaron rehuyendo de la humillación y el miedo. Me volví crítico y hasta comentarista. Aunque en primaria también fui árbitro (mala idea, lo único más despreciado que un mal futbolista es un árbitro). Debo decir que encuentro un perverso placer en burlarme de los futbolistas cuando cometen un error (venganza, que le dicen). Disfruto al rajar del pobre, miserable y paupérrimo desempeño de mis compañeros de universidad al intentar jugar al fútbol y los desprecio cuando ganan. "Que atorrante" dirán. Pues sí y a mucha honra.

Sin embargo aún aprecio el buen futbol (fútbol nacional mis cojones, a mí háblame del Real, el Bayern, Johan Cruyff, Valdano,etc. Quizás a mis hijos los inculque bajo una formación teórica del fútbol y si lo quieren practicar que lo hagan bajo su propio riesgo

En cuanto a mí no vuelvo a tocar un pelota en mi vida. Para eso crearon los dioses el FIFA y el PES, para renegados como yo.

He aquí al maestro Gatti. No encontré video en mejor calidad pero debe haber por ahí. En 1:08 puede verse la "tapada de Dios".

domingo, 6 de junio de 2010

Recordando el primer amor

Siempre pensé que las personas que se dedicaban a mantener un blog o alguna página personal tipo facebook, hi5 o metroflog no tenían otra cosa que hacer más que publicitarse en la red mostrando sus fotos o la cantidad de amigos que tiene y de los cuales conoce menos que el 10%. Bueno esta opinión cambió a raíz de que mi Maestro, que en realidad es mi primo (al cual ya le dedicaré unas palabras en futuras entradas), creó su propio blog ,también facebook y seguro dispone de otros medios en la red que desconozco y porque, bueno, yo también creé mi propio blog motivado tal vez por la iniciativa de mi primo. Aunque debo decir que aparte de publicar aquí lo que pienso,siento y recuerdo no tengo nada más productivo que hacer más que jugar Assassin's Creed,Fifa 10 o estar navegando por la red. ¡Ah! y también estudiar e ir a clases.

Ahora que lo veo soy una persona bastante ocupada (n_n).

Al grano. A mi primer amor lo conocí digamos "bien" desde que tenía 4 años. Recuerdo que era negra y no medía más de 40 cm de altura, o sea que casi éramos del mismo vuelo. Sagradamente la veía todas las tardes después de regresar del jardín (que luego se volvió colegio y hasta universidad). Almorzaba a veces primero y otras no resistía la tentación de verla tanto que cogía mi plato, los tenedores y mi fiel escudera la mayonesa y me dirigía al tropel a su encuentro y con mis manitos recorría sus contornos angulosos hasta hallar lo que más deseaba tocar después de un largo trajín educativo, aquella hermosa protuberancia en cuya parte superior se leía "POWER".

Si no se dieron cuenta me estoy refiriendo a la tele de mi casa. O con respeto La Tele. Así es. Tele me acompañó desde esas ya casi olvidadas épocas donde no sabía que la tristeza era algo más que un apagón, que era para mí como la regla de La Tele, se enojaba conmigo y se negaba a hablarme. Durante años La Tele me enseñó desde manualidades con Noppo y Gonta hasta la más sangrienta violencia de Dragon Ball. Me hizo reír como desquiciado con los Looney Toons y Garfield como también me hizo llorar como el crío que era con Candy (sí, lo confieso, veía Candy) y hasta con el final de Dragon Ball (porque cuando terminó lloré a mares). Tele también me hizo enojar (como en cualquier relación) mostrándome su más horrible rostro con Laura (Bozzo), los Teletubbies (¡ptuaj!) y cuando Locomotion dejó de salir al aire (Dios, devuélvenos Locomotion y te damos Animax).

Tele formó mi intelectoy mi sarcasmo (gracias a los programas de la NHK y Pataclaun respectivamente). Tele me moldeó para ser el otaku que soy en la actualidad (Evangelion, Saber Marionette, Saint Seiya, Digimon, Pokémon y un laaaaargo etcétera). Tele me dio consejos que siguen en pie en mí y que seguí cual código de honor (aunque ya fallé a algunos): "Yo se cuidar mi cuerpo","A la droga dile no", "Gota a gota el agua se agota","No comas muchame que es delfín".

Me acompañó incluso cuando todos nos mudamos a Trujillo y no tenía amigos. Tele me contaba historias fascinantes con su Narrador de Cuentos y me daba clases de cultura general con sus concursos, cuyas respuestas memorizaba y aprendía, y si no las comprendía me iba corriendo al diccionario o en su defecto al siguiente ser más sabio en la lista, mi padre.

Siempre fuimos una familia de 5: mis dos padres, mi hermano menor, Tele y yo.

Los tres últimos hacíamos un trío consentido. Nuestras relaciones duraban desde las 3 pm hasta las 9 ó 10 pm, o sea de 6 a 7 horas de placer audiovisual compartido ininterrumpido de lunes a viernes salvo por algún partido de fútbol, mensaje presidencial, o apagón. Los sábados y domingos no abusábamos tanto de ella (aunque dudo que tele se haya sentido abusada alguna vez) debido a que no nos mostraba lo que nos mostraba de lunes a viernes, aunque Chespirito era imperdible para toda mi familia, lo mismo que Pataclaun.

Tele también tenía sus "días". Durante semana santa ni mi hermano ni yo la tocábamos, ni la mirábamos. No nos gustaba cuando lo único que mostraba era al mismo tipo flaco de todos los años pasar por la misma historia de quedar clavado entre palos para luego reaparecer vivito y coleando 3 días después.

Vaya recuerdos que me dejó Tele, felices casi todos. Hubieron cosas que sería bueno olvidar pero al fin y al cabo dudo que Tele las vuelva a mostrar.

Tele ha cambiado con el tiempo y yo con ella. Aparte que desde que casi se muere en el 2008 y que tuvieron que someterla a una intervención quirúrgica que me dejó sin su presencia durante 2 días (ahí me dí cuenta lo aburrida que es mi familia), seguimos teniendo la misma chispa aunque ahora disfrutamos de cosas distintas pero similares a las de antaño. Los Simpson de antes son distintos a los de ahora pero se mantienen igual de graciosos. Ahora veo las noticias que antes no veía porque me parecían aburridas. El Doctor House ahora es mi mentor, Dexter me da los pasos que debo seguir cuando recorra la senda del asesinato (O_O) y los Cazadores de mitos me demuestran que siempre hay algo nuevo bajo el sol.

Debo decir que Tele y yo hasta ahora seguimos juntos, pero no tanto como antes. Yo ahora salgo con otra, Monitor/TV "Moni" que me muestra tanto lo novedoso como lo antiguo gracias al cable y al internet. Tele ahora me satisface cuando Moni tiene que atender a otros como mi hermano o mi padre, sin embargo ni Tele ni Moni son perras. Las dos son señoritas decentes que están dispuestas siempre a acompañarme y salvarme de la depresión impidiéndome pensar en otra cosa que no sea en ellas.

Gracias a ambas, a Moni por ser mi fiel amiga de juego, trabajo y porqué no decirlo mi confidente de fantasías sexuales; y a Tele, por ser mi primer amor y la que me hizo (y mehace) tal como soy, por mostrame lo que mis padres no podían (o no querían) mostrarme y por todos estos años de relación que, yo creo, continuarán por mucho, mucho tiempo más. Porque pienso llevarla a mi depa cuando me largue de la casa de mis padres.

Te amo Tele.

PS: Luego pensaremos en el HD, de momento vamos a ver Los Simpson juntos ¿sí?

Aquí está la primera parte de un episodio de Noppo y Gonta, si quieren la segunda búsquenla en Youtube



Un quickie de Garfield



El mejor momento del mejor programa de la historia (y eso que Gokú no me cae para nada)



La mejor serie creada en el Perú con una versión mejor que la de Marcelo Mota



Y el gran Wakkorotti

viernes, 4 de junio de 2010

Analizando el malsano placer

Bueno, es tiempo de la incómoda presentación. Mi nombre real es Ayrton Frank Pilares Delgado. Nací (no tengo muchos motivos para estar feliz por ello) el 12 de octubre (nacer en una fecha significativa es un motivo para estar feliz) de 1989 (pocos días antes de la caida del famoso muro, me gusta creer que se cayó para evitarme la molestia de tener que aprenderme los nombres de 2 Alemanias distintas con capitales distintas, ciudades distintas, monedas distintas... ¡báh!). Saquen la cuenta de cuántos años tengo. Al momento de escribir estas líneas tenía 20 abriles (mas bien octubres) que se hacen notar en mi cuerpo y mi mente. Seguro dirán "20 años, vaya mocoso que no sabe lo que es la vida". Bueno, los que lo hayan pensado es porque o su vida se fregó mucho después o porque a su corta o larga edad todavía no han experimentado lo que es ver su propia vida como un pesado costal cuya carga aumenta día a día, recuerdo por recuerdo. Es decir son felices. Bastardos, cómo los odio (o más bien envidio).

Pero vamos por partes, primero que nada empecé este blog con la esperanza de encontrar un método de desfogue emocional que no siento al decirle mis experiencias (tristes) a otra persona de forma oral. Siempre que les cuento mis dolores emocionales (que no son muchas las veces) a mis amigos (que no son muchos también) encuentro un calmante de corta duración en sus palabras, me hacen feliz cuando me reconfortan pero al poco rato, cuando dejamos de hablar o cuando vuelvo a quedarme solo siento que sus palabras no fueron más que una aspirina que me alivió de forma temporal el dolor de cabeza. No me gusta aburrir o molestar a otros, por eso no les pido a mis amigos que me den su apoyo constantemente o que vengan a buscarme cuando tengo el cuerpo al borde de la ventana. No piensen que soy un suicida frustrado, que cada vez que intenta quitarse la vida y falla se deprime más y entra en un círculo vicioso. Yo simplemente me acobardo ante la idea de morir.

La segunda razón de crear un blog propio fue hacer salir los recuerdos y experiencias que viví a lo largo de mi vida, aunque corta, yo la considero interesante (pero no se la deseo a nadie, vea pero no toque). Los recuerdos que tenemos hacen de nosotros lo que somos, dicho de otra manera somos lo que fuimos. Recordar es esa capacidad de la memoria que nos permite traer al presente lo que ya experimentamos en el pasado. Esa capacidad permitió al ser humano convertirse en especie dominante y no en animales comunes que más que recordar aprenden o por instinto o por condicionamiento. Los recuerdos nos pueden hacer añorar el pasado o aborrecerlo, en todo caso siempre conlleva sentimientos que no hacen más que irrumpir en nuestro presente haciéndonos perder el camino recto por el que íbamos para tomar una curva en "U". No confundan el recuerdo propiamente dicho con el aprendizaje, que también son recuerdos, pero no conllevan carga emocional alguna, aunque habrá quien diga que se puede aprender de las experiencias pasadas de uno mismo o de otras personas. Cierto, pero lo que se aprende se utiliza en el momento, mientras que el recuerdo permanece alterando nuestro estado y haciéndonos recordar cómo se sintió cuando a la señora Pérez la atropelló una combi mientras aprendíamos que los puentes peatonales estan para evitar esas situaciones.
Sin embargo recordar es una espada de dos filos por un lado nos puede gustar el recuerdo del sabor del pastel selva negra de la abuela Rita, pero por otro nos duele el hecho de que la abuela Rita murió el año pasado. Es decir dualismo completo. Por eso lo de "placer malsano" los recuerdos nos transportan a las épocas de chiquititud cuando todo era más fácil y mamá tendía la cama por tí y te daba sopita de pollo cuando te resfriabas. Sin embargo, cuando vuelves al presente te das cuenta que ese tiempo ya se fue y que vives en un departamento de 2x2 sin una frazada para calentar tu cuerpo dañado por la tuberculosis.

Puedo concluir diciendo que lo triste o lo bueno de los recuerdos ocurre cuando los contrastas con el presente. El pasado puede ser mejor que el presente o viceversa. No es lo mismo que ocurre cuando comparas la fantasía con la realidad. La fantasía SIEMPRE gana.

El poder del recuerdo de traer felicidad o tristeza pero siempre ocasionar desequilibrio en el presente es lo que lo hace un placer malsano. Es como la droga, estimulante o depresiva, pero casi siempre adictiva. Y digo casi porque hay algunos que no sucumben ante los recuerdos. Conozco uno o dos casos. Los odio por tener superpoderes.

Bueno, poco a poco ahora les iré desvelando esos diversos matices que hacen de los recuerdos la fuerza que son. Dejen nomás que el tiempo fluya y mis dedos descansen.

En fin, luego de esta letrerosa introducción debo decir que ahora me siento más calmado que cuando estaba escribiendo el principio de este blog. Para quienes lo lean, sepan que aquí contaré todo lo que por la boca no puedo decir y que si leen las posteriores actualizaciones se darán cuenta de que están leyendo sobre la vida de un selfish motherfucker con el ego más alto que un salto de Superman, más vago que congresista y una mente más rápida que paja de adolescente.

Ven, ya empezó el narcisismo. ¡Bien!