A pesar de que he hecho lo posible, mi niño interno se va extinguiendo. Lentamente se consume en el fuego de la madurez y la “decencia”. El síntoma más reciente ha sido perder casi completamente la algarabía y el entusiasmo que antaño me proporcionaban la víspera de navidad y la llegada del año nuevo.
Hace ya dos años que este síntoma se ha manifestado. La navidad del 2009 la pasé enojado. Esa navidad salimos toda mi familia a las 20:00 (o 21:00) del día 24 de diciembre a la Plaza de Armas y escucharon la tradicional misa de víspera de navidad. Y digo escucharon porque ellos lo hicieron, yo estaba ahí como materia mas no como esencia. Ir a misa, un acto secular común es algo que puedo tolerar. Sin embargo me enervó que mi madre enfilara a toda mi familia hacia la catedral la víspera de navidad, una noche que debe pasarse en el hogar esperando la cena de navidad con los regalos debajo del árbol o en un armario. Me jodió tener que salir apurado a escuchar la “palabra de Dios” en la noche, al frío invernal (más bien veraniego) y añadido a todo esto: sin regalo que me esperara bajo mi arbolito o dentro de algún armario.
Me enojé con mi familia, especialmente con mi madre, cerebro de la operación M.I.S.A: “Matemos yendo a la Iglesia la Serenidad de Ayrton” por haberme llevado a un lugar donde lo único de la valor son las pinturas, esculturas, reliquias y demás cosas por el estilo. ¡Las 21:00 no son horas para ir a un museo! Cuando regresamos no estaba de humor para esperar las campanas de navidad ni los fuegos artificiales tradicionales de esta parte del mundo en estas fechas. Con mi ass face llegué a las 00:00 horas del día 25 maldiciendo a diestra y siniestra sin ganas de abrazar a nadie. Estaba decepcionado. Decepcionado porque no habían esperado para poner la estrella sobre el árbol de navidad, porque fui obligado a un lugar donde lavan cerebros, porque estuve apretado en mi asiento en medio de gente tan o más zombie que mi madre, porque el pavo estuvo feo y (principalmente) porque no me dieron ningún regalo.
Soy materialista a mucha honra. Aprecio el valor del dinero por sobre todas las cosas. Muchos veneran un crucifijo, yo venero la imagen de Franklin sobre el papel verde intercambiable. Muchos tienen las a las tablas de la ley y sus 10 mandamientos como su guía, yo solo necesito 1 ley: oferta y demanda. Ellos dicen transubstanciación, yo digo plusvalía. Algunos dicen diezmo, yo digo: tasa de impuesto 10%. Y así otras analogías. No creo en la navidad como celebración por el nacimiento de un hijo de carpintero, tampoco creo en su valor como fiesta de la paz, el amor, la reconciliación… ¡bah, esas son chorradas! Yo creo en la navidad como fiesta del consumismo y la compra desmedida cuyo principal líder Santa Claus representa en esencia toda esa magia que admiro de la navidad. No creo en Santa como persona, sino como personaje que motiva a los niños a pedir, pedir y pedir; y a todos a comprar, a comprar y a comprar para dar, dar, y dar. Canastas, panetón y pavo completan la alegría de la fiesta que se da solo una vez al año y que es el día más ansiado por casi todas las personas en la faz de la tierra. Un regalo para mí vale más que mil palabras. Aunque debo decir que, para rematarla, soy exquisito con lo que me regalen. Lo que más detesto es que me regalen ropa, y mucho más ropa interior. La vez que mi madre cometió terrible error fue la navidad del 98. Salió de mi cuarto con la cara tapada por los calzoncillos que le arrojé. De ahí ni más me regaló otra cosa que no fueran juguetes o juegos de mesa, y si me regalaba ropa lo compensaba regalándome otra cosa más. Otros regalos que detesto son los regalos por las puras: adornitos, llaveros, portarretratos, álbumes de fotos, ¡este tipo de cosas joden la navidad! Yo no esperé 365 días (a veces 366) para que me regalen una taza con mi nombre grabado. Ahora, si el adornito que me regalan es una miniatura de Dragonball, de Full Metal Alchemist, ¡o de los Súper Once! Ya la cosa cambia. O un póster de Alucard o un afiche del equipo Mc Laren… esas son cositas sencillas con gran valor emocional que son bien apreciadas por mí ya que son distintas a una esculturilla de una niña sobre un columpio.
¡Ah, recuerdos! Recuerdo cuando me costaba mantenerme despierto cuando tenía entre 6 y 8 años. Mi meta era mantenerme despierto para poder abrir el regalo que mis padres me compraban, porque nunca creí en Santa Claus y si alguna vez creí en él se desvaneció toda la magia al ver a mi mamá disfrazado de él en la navidad del 94 en un acto totalmente transexual que aparte de hacerme llorar de miedo pues debe haber dejado una marca en mí. Los que me conocen juzgarán.
Te tengo memoria suficiente para decir cuál fue mi primer regalo. Consultando con mi madre obtuve una respuesta más o menos aproximada. Ella dice que mi primer regalo de navidad fue un oso de peluche tan grande como yo y puede ser cierto ya que tengo memorias de un oso marrón de tamaño similar al de un bebé. No sé dónde esté ahora pero desde aquí le mando un saludo al oso. Que sea feliz quien lo tenga.
El primer regalo de navidad del que tengo memoria fue un Monopolio en la navidad del 95. Era original y tenía las calles peruanas con sus billetes y toda la cosa. Además recuerdo una pelota con la cual jugué bastante y creo que termino clavada en una astilla metálica. Ambos juguetes estaban en mi cuarto al lado de mi cama y me esperaron ahí toda la noche hasta que desperté en la mañana. Solo el Monopolio estaba envuelto en papel de regalo. Fue ese Monopolio el que inició mi afición por los juegos de mesa. Recuerdo haberlo jugado una sola vez con mi padre. Como tenía 6 años en aquella época no le di la atención necesaria ni a las reglas ni la las fichas que fueron desapareciendo junto con los billetes y los títulos de propiedad. Al igual que los billetes del Monopolio los billetes reales de mi familia también se fueron perdiendo. Mi familia, superviviente de la crisis de Alan García caía en el bajo fondo irónicamente en la etapa de resurgimiento económico de Fujimori a mediados de los 90. La crisis económica es una razón más de la reciente carencia de regalos; pero del estatus económico de familia no es cosa que quiera ventilar ahora.
Es cierto que con mi familia pasamos tiempos difíciles desde el 97 hasta el 2002. Incluso recuerdo que para la navidad del 98 tuvimos que decorar un florero como árbol de navidad puesto que no había dinero para comprar uno. Sin embargo regalos nunca me faltaron de niño y el de ese año fue un Monopolio Junior, pirata, pero Monopolio al fin y al cabo.
Y así fue que nunca me faltó regalo de navidad, hasta el año 2009. Fue algo que acepté en su momento pero que dejó un hoyo en mi materialista corazón. Si no me equivoco recuerdo haber esperado hasta el día de bajada de reyes del año 2010 por mi regalo, pero nunca llegó. Ya en febrero mi madre nos trajo de Lima un juego original, Torú; pero la fecha distante con la navidad lo hacía ver como un regalo cualquiera. Era para compensar la falta cometida la navidad pasada pero el daño ya estaba hecho.
No tener regalo me ha hecho perder el espíritu navideño que juré mantener de niño tras ver un especial de navidad de Charlie Brown. Sentí una horrible sensación dentro de mí. Sentí la como mi ser se iba volviendo adulto al ser herido mi niño interno casi de muerte. Ahora aún está vivo tras sobrevivir a la navidad pasada, donde tampoco hubo regalos. Una vez más la crisis intermedió para privar a mi hermano y a mí de tener algo envuelto en papel para desgarrar. Sin embargo ahora el sentimiento fue diferente. Al notar desde mi ventana que la navidad había llegado me puse a pensar en el regalo que no llegó y ahí me di cuenta de algo interesante. Yo quería un regalo, ¿pero cuál?
Si hubiera tenido el dinero suficiente para comprar algo ¿qué hubiera sido? Por primera vez en mi vida no supe que pedir para navidad. Dentro de mí había un hoyo, el mismo hoyo del año 2009 que sentí tras no tener regalo alguno, solo que esta vez ¡no sabía que cosa pudo haber llenado ese hoyo! Dentro de mi cabeza repasé varias cosas: ¿un Monopolio versión Perú? Ya lo viste, no está tan bueno y los billetes son distintos. ¿Un Clue de los Simpson? Mmm… podría ser pero cuando tendría tiempo mi hermano para jugar conmigo. ¿Cartas de Yu-Gi-Oh!? ¡No es mala idea! ¿Pero cuáles? Además, recibir de regalo unas cuantas cartitas no compensa una navidad.
Me quedé pensando un rato mientras veía las luces que iluminaban el cielo nocturno. Lo único que se me ocurrió fue entonces tener un procesador quad core para mi computadora que pide a gritos digitales una repotenciada. Me sorprendí a mí mismo porque esta vez al contrario de todos los años pasados de mi vida no pedí un juego de mesa, un muñeco u otro tipo de juguete. Había pensado en algo que serviría y serviría de verdad. Serviría para jugar, sí, pero iba más allá de una armadura del Caballero de Libra.
Me imaginé con el procesador y me vi realizado… por unos segundos. Casi inmediatamente caí en la cuenta de que eso no era lo que en realidad quería y me asusté. Me asusté porque creí que me había llegado la adultez y que no necesitaba nada y que la navidad era un fiesta ahora sí completamente vacía. Sin nada, absolutamente nada que celebrar o desear.
Mi hermano estaba a mi lado en ese instante y contemplaba conmigo el despliegue de luces. Desde la ventana del cuarto de mis padres podía ver como la pirotecnia hacía una noche oscura algo inolvidable. Todo el Cusco parecía lleno de vida. De cada casita en el cerro de en frente parecía salir una luz que se elevaba unos metros, luego explotaba en un momento liberando colores variados y luego se extinguía. Mi hermano miraba conmigo el espectáculo y vi en su rostro el espíritu navideño.
La navidad del 2009 fue triste por no haber regalos, pero cuando todo parecía estar perdido las luces artificiales asomaron por el cielo. No se asemeja a lo que se ve en Sídney, Nueva York, Londres, Tokio o alguna otra ciudad de primer mundo pero es algo espectacular ver como cada casa del Cusco parece liberar uno de esos fuegos de artificio al cielo unos más grandes, otros más brillantes pero todos con una misión: festejar. Algunos festejan el nacimiento de su dios, otros festejan por tener a su familia unida, algunos festejan por expresar sus deseos de amor y paz; pero quieren hacerlo saber a todos elevando luces al cielo y compartiendo su alegría con el mundo. Aquel despliegue de contrabando me hizo recapacitar y me hizo saber, de que a pesar de que puede no haber regalos, en navidad hay siempre un motivo para alegrarse.
Volviendo al 2010, mientras veía la ventana y el cielo cusqueño iluminado mi madre entró a la habitación que permanecía a oscuras para observar mejor el espectáculo. Me deseó una feliz navidad y me tendió un abrazo que recibí con gusto. Ahí fue cuando me di cuenta lo que quería para navidad. Nada de regalos materiales esta vez. Solo amor. Ese amor que me hizo falta el año 2009 para con mi familia, ese amor que me hizo falta en todo el año 2010 y que me es esquivo hasta ahora. Recibirlo de mi madre fue un valioso consuelo que junto con el rostro de mi hermano, feliz a pesar de no tener regalo, me mostraron que materia no es lo único que se puede regalar en navidad.
Me dejaron solo en la habitación aun oscura. Se fueron a abrazan a mi padre que estaba en la sala a esperas de la cena. Entonces me quedé a mirar un rato más por mi ventana. Di una mirada desde los cerros de Santiago hasta la llanura del aeropuerto. Las luces aún seguían saliendo hacia el cielo activando las alarmas de los autos de algunos incautos. Observando la ciudad iluminada tras la ventana empañada por mi respiración me dije a mí mismo: “Feliz navidad Saúl. Feliz navidad Manuel. Feliz navidad mundo”. Abandoné el cuarto y me dirigí a la mesa con mi familia.
El pavo estuvo delicioso.
Bueno, esta fue mi historia de navidad. Debo decir que sigo pensando que la navidad sigue estando vacía sin regalos, pero al menos ahora puede significar algo sin ellos. n_n
Me despido dejándoles el trilladísimo: ¡Feliz año nuevo!
Y ya que mencionamos la navidad les dejo una imagen de la navidad al estilo Inazuma Eleven. Una saga de la cual me enamoré y de la cual me declaro fan. Para este año me propongo seguir toda la serie y descargar todos los juegos que pueda incluyendo la versión en inglés para DS que sale este 28 de enero.

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