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viernes, 4 de junio de 2010

Analizando el malsano placer

Bueno, es tiempo de la incómoda presentación. Mi nombre real es Ayrton Frank Pilares Delgado. Nací (no tengo muchos motivos para estar feliz por ello) el 12 de octubre (nacer en una fecha significativa es un motivo para estar feliz) de 1989 (pocos días antes de la caida del famoso muro, me gusta creer que se cayó para evitarme la molestia de tener que aprenderme los nombres de 2 Alemanias distintas con capitales distintas, ciudades distintas, monedas distintas... ¡báh!). Saquen la cuenta de cuántos años tengo. Al momento de escribir estas líneas tenía 20 abriles (mas bien octubres) que se hacen notar en mi cuerpo y mi mente. Seguro dirán "20 años, vaya mocoso que no sabe lo que es la vida". Bueno, los que lo hayan pensado es porque o su vida se fregó mucho después o porque a su corta o larga edad todavía no han experimentado lo que es ver su propia vida como un pesado costal cuya carga aumenta día a día, recuerdo por recuerdo. Es decir son felices. Bastardos, cómo los odio (o más bien envidio).

Pero vamos por partes, primero que nada empecé este blog con la esperanza de encontrar un método de desfogue emocional que no siento al decirle mis experiencias (tristes) a otra persona de forma oral. Siempre que les cuento mis dolores emocionales (que no son muchas las veces) a mis amigos (que no son muchos también) encuentro un calmante de corta duración en sus palabras, me hacen feliz cuando me reconfortan pero al poco rato, cuando dejamos de hablar o cuando vuelvo a quedarme solo siento que sus palabras no fueron más que una aspirina que me alivió de forma temporal el dolor de cabeza. No me gusta aburrir o molestar a otros, por eso no les pido a mis amigos que me den su apoyo constantemente o que vengan a buscarme cuando tengo el cuerpo al borde de la ventana. No piensen que soy un suicida frustrado, que cada vez que intenta quitarse la vida y falla se deprime más y entra en un círculo vicioso. Yo simplemente me acobardo ante la idea de morir.

La segunda razón de crear un blog propio fue hacer salir los recuerdos y experiencias que viví a lo largo de mi vida, aunque corta, yo la considero interesante (pero no se la deseo a nadie, vea pero no toque). Los recuerdos que tenemos hacen de nosotros lo que somos, dicho de otra manera somos lo que fuimos. Recordar es esa capacidad de la memoria que nos permite traer al presente lo que ya experimentamos en el pasado. Esa capacidad permitió al ser humano convertirse en especie dominante y no en animales comunes que más que recordar aprenden o por instinto o por condicionamiento. Los recuerdos nos pueden hacer añorar el pasado o aborrecerlo, en todo caso siempre conlleva sentimientos que no hacen más que irrumpir en nuestro presente haciéndonos perder el camino recto por el que íbamos para tomar una curva en "U". No confundan el recuerdo propiamente dicho con el aprendizaje, que también son recuerdos, pero no conllevan carga emocional alguna, aunque habrá quien diga que se puede aprender de las experiencias pasadas de uno mismo o de otras personas. Cierto, pero lo que se aprende se utiliza en el momento, mientras que el recuerdo permanece alterando nuestro estado y haciéndonos recordar cómo se sintió cuando a la señora Pérez la atropelló una combi mientras aprendíamos que los puentes peatonales estan para evitar esas situaciones.
Sin embargo recordar es una espada de dos filos por un lado nos puede gustar el recuerdo del sabor del pastel selva negra de la abuela Rita, pero por otro nos duele el hecho de que la abuela Rita murió el año pasado. Es decir dualismo completo. Por eso lo de "placer malsano" los recuerdos nos transportan a las épocas de chiquititud cuando todo era más fácil y mamá tendía la cama por tí y te daba sopita de pollo cuando te resfriabas. Sin embargo, cuando vuelves al presente te das cuenta que ese tiempo ya se fue y que vives en un departamento de 2x2 sin una frazada para calentar tu cuerpo dañado por la tuberculosis.

Puedo concluir diciendo que lo triste o lo bueno de los recuerdos ocurre cuando los contrastas con el presente. El pasado puede ser mejor que el presente o viceversa. No es lo mismo que ocurre cuando comparas la fantasía con la realidad. La fantasía SIEMPRE gana.

El poder del recuerdo de traer felicidad o tristeza pero siempre ocasionar desequilibrio en el presente es lo que lo hace un placer malsano. Es como la droga, estimulante o depresiva, pero casi siempre adictiva. Y digo casi porque hay algunos que no sucumben ante los recuerdos. Conozco uno o dos casos. Los odio por tener superpoderes.

Bueno, poco a poco ahora les iré desvelando esos diversos matices que hacen de los recuerdos la fuerza que son. Dejen nomás que el tiempo fluya y mis dedos descansen.

En fin, luego de esta letrerosa introducción debo decir que ahora me siento más calmado que cuando estaba escribiendo el principio de este blog. Para quienes lo lean, sepan que aquí contaré todo lo que por la boca no puedo decir y que si leen las posteriores actualizaciones se darán cuenta de que están leyendo sobre la vida de un selfish motherfucker con el ego más alto que un salto de Superman, más vago que congresista y una mente más rápida que paja de adolescente.

Ven, ya empezó el narcisismo. ¡Bien!

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