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miércoles, 9 de junio de 2010

Y hablando de fútbol...

Siempre detesté los deportes, en especial el fútbol, sin embargo voy a hacer lo posible por no perderme ni un sólo partido del mundial, como tengo clases en las mañanas voy a tener que obviar algunos. Eso sí, para los partidos de Brasil me quedo en mi casa así haya examen parcial, oral,recuperación o cualquier otra superfluosidad.

Pero ¿no había dicho qué no me gustan los deportes? Bueno soy un idiota que se contradice a sí mismo. Voy a ordenar las ideas. En palabras simples, me gusta ver deporte. Practicarlo es otra cosa. Sé mucho sobre estadísticas, historia de mundiales, jugadores, clubes, trofeos, goles, contrataciones; en fin, como cualquier nerd. Por otro lado no puedo hacer más de tres dominaditas y cuando corro tras el balón termino en el suelo porque lo pisé (¿a quién no le ha pasado? bueno a mi me pasa siempre).

Haré una retrospectiva, de las tantas que me gusta hacer para sufrir un poquito y para recordar el porqué de mi aversión al rey de los deportes.

Mi trauma comenzó en la infacia (como cualquier otro trauma).Yo era uno de los otros tantos niós influenciado por los Supercampeones y que soñaba algún día llegar a ser tan bueno como Benji, Tom o particularmente Andy Johnson (el mejor futbolista de la serie).Oliver no me gustaba para nada, me parecía un maldito freak del deporte sin neurona alguna y su filosofía de "el balón es tu amigo" es tan estúpida y falsa como la promesa de que Perú va a jugar un mundial. La cosa era que no me importaba joderme las rodillas o rasparme la piel de las manos cuando me caía. Yo creí en Oliver. Error.

Parecerá poco creible para los que me conocen pero en inicial y en primaria era un capísimo (bueno no tanto, digamos sólo un capo). De medio de la cancha para atrás era el amo y señor. Hasta de arquero la rompía. No jugaba de delantero porque todo el mundo quiere marcar goles, todos quieren hacerse famosos y gritar ¡gol! Pero a mí no me gustaba eso. El ser delantero era (y es)una afición muy prostituida entre mis compañeros de colegio (y porque no decirlo, del Perú). Podía desempeñarme bien adelante pero no quería asemejarme al vulgo así que me quedaba en la retaguardia. Y eso que fue difícil mostrar mis aptitudes futbolísticas (chico con lentes = mal deportista, cuán cierta es esta proposición, aunque en esa época me propuse romper la regla). Bueno, la cosa ocurrió en 4º grado de primaria. Jugaba yo de arquero y el equipo de mi clase jugaba contra los de 3º. Un chibolo del equipo contrario pilla a la defensa desprevenida y hace tremendo pase al hueco a otro que estaba evidentemente en off-side (de niño nadie juega con esa regla). Me adelanto entonces para coger el balón y hago la tapada "divina" de Hugo Gatti (arquero del Boca famoso por su extravagancia fuera de las canchas y dentro de ellas, comparto cosas con él, en espcial el hecho de haber sido ambos "arqueros-jugadores"). La cosa es que la tapada de Dios falló O_O. No sé como esa pelota da un rebote en el piso y se eleva sobre mí, que estaba arrodillado para emular la técnica de Gatti. La pelota se queda entonces sobre mí girando sobre mi cabeza. Estiré mis brazos lo más que pude, mis uñas casi la rozaban pero lo logré alcanzarla. Yo podría jurar que la puta pelota se quedó flotando fuera del alcance de mis brazos y girando por unos segundos con actitud pendeja cómo si me dijera "A que no me cojes imbécil. Aquí te jodes para siempre" mientras hacía intentos desesperados por coger la redonda.

No recuerdo cuanto estaba el marcador, ni cuanto quedó el partido. Pero ese error, esa diferencia de milímetros (qué milímetros, ¡micras!) entre mis uñas y el material de la bola (del que están hechas las bolas de yaxes para que haya tenido tal efecto) me valió la furia, desprecio, y odio de mis compañeritos. Me pusieron apodos de todo tipo. "Gato, anda juega con tu madeja" y me tiraban una pelota. "No, un gato coge la madeja". "No querías coger la bola para no arruinarte las uñas ¿verdad?". "El Ayrton es como el ascensor del Botija" "¡¿Por qué?!" "Porque no se despega del suelo".

Seguro dirán "¡Báh!¡Tonterías!Los niños son muy crueles pero no te lo debiste tomar en serio". Pues bien los niños pueden ser MUY crueles y que lo que decían de mí, lo que me molestaban me resbalaba. Pero surgieron ciertas cosas que acrecentaron mis dudas sobre mis capacidades y que incrementaron las burlas de mis amigos (con amigos así quien quiere enemigos). Primero mis pies comenzaron a evitar toda las pelotas involuntariamente. Las bolas iban por un lado y mis pies por otro, como si fueran polos iguales de dos imanes. Ya también los polos diferentes eran las pelotas y mi cara que se convirtió en el tercer palo vertical del arco al cual era más fácil atinarle que hacer hacer un gol en un arco de 3 metros."El balón es tu amigo". Púdrete Oliver.

Me terminé cansando del dolor, la sangre y la humillación que causaban las pelotas en mi cara. El fútbol y yo rompimos relaciones formales desde que entré a secundaria. Sin embargo allí también tuve que jugar ya que sino el profe me reprobaba en educación física. "Nadie jala en educación física", dirán ustedes. Pues bien yo sí jalé. Y dos veces con 10.

Muchas veces traté de reconciliarme con el balompié, pero no sé que me pasa. Vuelve el terror a la humillación, recuerdo el dolor de la pelota cuando da en la cara o el ahogamiento que se produce cuando da en el estómago. Me preocupa tanto equivocarme que termino equivocándome. Es algo que no he podido superar y que no me preocupo por superar, para mí el fútbol ya fue.

Ahora estoy del lado de los que nunca aprendieron a jugar fútbol en su vida o que al igual que yo terminaron rehuyendo de la humillación y el miedo. Me volví crítico y hasta comentarista. Aunque en primaria también fui árbitro (mala idea, lo único más despreciado que un mal futbolista es un árbitro). Debo decir que encuentro un perverso placer en burlarme de los futbolistas cuando cometen un error (venganza, que le dicen). Disfruto al rajar del pobre, miserable y paupérrimo desempeño de mis compañeros de universidad al intentar jugar al fútbol y los desprecio cuando ganan. "Que atorrante" dirán. Pues sí y a mucha honra.

Sin embargo aún aprecio el buen futbol (fútbol nacional mis cojones, a mí háblame del Real, el Bayern, Johan Cruyff, Valdano,etc. Quizás a mis hijos los inculque bajo una formación teórica del fútbol y si lo quieren practicar que lo hagan bajo su propio riesgo

En cuanto a mí no vuelvo a tocar un pelota en mi vida. Para eso crearon los dioses el FIFA y el PES, para renegados como yo.

He aquí al maestro Gatti. No encontré video en mejor calidad pero debe haber por ahí. En 1:08 puede verse la "tapada de Dios".

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